Artículo mortis

"Wonder Woman", "nasty woman"

El pasado 21 de octubre la ONU nombró a la Mujer Maravilla como embajadora honoraria para el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Su misión, si decide aceptarla, consistirá en abanderar el apartado número cinco del plan de desarrollo sustentable de las Naciones Unidas, ese que busca plena equidad de género para el año 2030.

El nombramiento sorprende por su falta de tino: después de todo, la heroína de DC Comics llevada a la televisión tenía que esconder su identidad, su superior inteligencia y sus poderes, detrás de unos gruesos anteojos y un puesto secretarial menor, y sus voluptuosas curvas, enfundadas en un patriótico leotardo strapless para agasajo de los caballeros, eran tanto o más requisito del personaje que los brazaletes antibalas, el avión invisible o el lazo de la verdad. La misma Linda Carter renegaba de los guiones bobos: “Entonces hacía ruido. Pero a los hombres no les gustan las mujeres exigentes”.

En su última encarnación cinematográfica de este verano, todas sus maravillas no le alcanzaron para merecer créditos estelares al lado de Batman y de Superman. Más revelador es que quien apuntala la campaña de la ONU por parte de DC y de Warner Bros sea la presidenta de entretenimiento y productos al consumidor de esas empresas.

Al margen de las geniales ocurrencias de los publirrelacionistas despistados, la vida real es muy otra: cuando las mujeres asumen, en la práctica, una igualdad plena en sus interacciones —es decir, cada que se despojan de la obligada y contrita subsidiaridad: cada que dejan de sonreír o de preocuparse constantemente por su apariencia física, que abordan la conversación sin una versión del apologético “ejem, disculpen, pero yo creo que quizá…”, que no toleran la desidia o la ineficiencia en colegas o subordinados y que celebran sus triunfos profesionales e individuales sin la menor culpa—, se ganan el epíteto de “nasty woman”, o mujer horrible, que Hillary Clinton recibió recientemente de Donald Trump cuando ésta le lanzó una broma sobre su talento para la evasión fiscal. Y siempre por la mitad del salario.

Nada de esto va a cambiar si el modelo para las niñas del mundo es un personaje de ficción sin voz propia que, a pesar de todos sus talentos, enseña sus curvas mientras oculta, por sobre todas las cosas, que ella es quien en realidad tiene el lazo más grande.

Twitter: @robertayque