Artículo mortis

Violencia y religión

Lo hemos escuchado mucho, sobre todo después de los atentados en París: el Islam promueve la violencia. Es cierto que hay numerosos dichos —o hadices— del profeta que abiertamente piden matar al infiel, y el Corán tampoco se queda atrás, como en la Sura 9:5, que pide masacrar "...a los infieles donde quiera que los encontréis, acosadlos, sitiadlos".

Lo que se olvida es que la tradición bíblica es igual; el profeta Samuel, en la guerra del pueblo elegido contra los amalequitas, ordena matar a "...hombres y mujeres, infantes y niños de pecho, bueyes y corderos, camellos y burros". Cuando el rey Saúl se rehúsa al genocidio, Dios lo destrona.

La diferencia estriba en que la mayoría de los adscritos a otras religiones se dan por enterados, aunque sea a regañadientes, de que los usos y costumbres del siglo 8 no tienen ya cabida en un mundo donde la democracia, la separación Iglesia-Estado y el estado de derecho son asumidos como triunfos de la humanidad. Sin embargo, grupos como Al Qaeda, Boko Haram o ISIS ven lo anterior como instituciones satánicas, buscando resucitar en los hechos la vida en los antiguos califatos, aunque ninguno de éstos haya sido, con todo y la enorme diferencia en contextos históricos, ni remotamente tan draconiano como lo que se vive hoy bajo el wahabismo salafista, la peor escuela de la sharia vigente en Arabia Saudita y en los territorios ocupados de Siria, entre otros.

Se podrá alegar que en la Biblia no existe el concepto de yihad, y que para los cristianos quedó asentado en los Evangelios que lo de hoy en adelante es poner la otra mejilla. Pero otro detalle que se olvida fácil es que, ya con todo lo anterior en vigencia, hubo tiempos cuando los califatos eran el centro del conocimiento occidental, con escuelas de médicos, matemáticos, astrónomos y retóricos que rivalizaban con lo mejor del clasicismo griego —mismo que, por cierto, terminó de perecer a manos del muy cristiano San Cirilo, cuando éste ordenó a sus turbas quemar, por paganas, la biblioteca y la escuela de Alejandría, linchando después a algunos de sus catedráticos—, y con ciudades cosmopolitas y multiculturales donde convivían en paz y relativa igualdad judíos, cristianos y musulmanes. Contemporáneo a lo anterior, los reinos de Europa lanzaban a sus niños y pobres a las cruzadas —los papas romanos los azuzaban nombrando a los musulmanes que habitaban los lugares sagrados como amalequitas, en referencia al mandato dado por Samuel a Saúl—, e institucionalizaban en sus territorios, por la espada, la tortura y el oscurantismo de la Santa Inquisición en el nombre de Dios.

Dejo esto por aquí y paso a retirarme.

Twitter: @robertayque