Artículo mortis

Mitos de vanguardia

Javier Duarte tendría que ser muy tonto o muy arrogante para asesinar a un fotógrafo que lo acusaba vocalmente de haberlo amenazado. No por eso descarto la posibilidad: estamos hablando del gobernador del estado donde más periodistas han sido impunemente ejecutados en México —más de 10 en su mandato—, uno que afirmó, mientras celebraba el día de la libertad de expresión, que si allí los periodistas terminaban muertos era porque estaban coludidos con el narco. Y no olvidemos cuando, a pesar del rastro de sangre dejado por Los Zetas, dijo que Veracruz era muy seguro, que cuando mucho se robaban allí uno que otro frutsi o pingüino.

No sorprende que Rubén Espinosa haya huido de Veracruz. Lo sorprendente es que haya buscado refugio en el DF; cuando menos, para quienes sabemos que la policía capitalina está coludida hasta el cogote con el crimen organizado; que el cobro de piso en mercados y bares es secreto a voces desde hace más de cinco años, aunque las ejecuciones en plena calle se hayan dado hasta hace relativamente poco, y que los servidores públicos de izquierda y de vanguardia no levantan un dedo sin moche de por medio. Botón de muestra es la carta de unos vecinos de la colonia Roma Norte pidiéndole a los ambulantes que de perdido les dejen suficiente espacio para abrir las puertas; ¿por qué no dirigieron su queja a las autoridades? Porque la autoridad es de quien la paga, y los informales dejan bien, en efectivo y semanalmente, desde el poli de la cuadra hasta el delegado, y quizá más allá, mientras que los ciudadanos se limitan a pagar impuestos.

Por supuesto que la corrupción, la violencia y la impunidad no son exclusivas de la capital. Pero muchos de sus habitantes creen que su plumaje puede cruzar el pantano del desastre nacional sin mancharse, y pensar que el DF puede ser un refugio, un modelo progresista o la ciudad con los mejores alcaldes del mundo es parte del espejismo. Como lo es ignorar, y a veces hasta justificar, la irremediable descomposición urbana y cívica de su propia casa a manos de unos hampones políticamente correctos.

Nadie sabe, a estas alturas, quién mató a Espinosa y a las cuatro mujeres que lo acompañaban. Sí podemos saber, por el tiro de gracia y por los golpes y vejaciones que sufrieron antes de recibirlo, que aquello no fue un robo o un delito simple, sino un asesinato por encargo. Pensar que en el DF o en cualquier otro rincón de México se está a salvo de las consecuencias, grandes o pequeñas, de la ilegalidad institucionalmente enseñoreada en nuestro país, es ingenuo. Si todavía lo dudan, pregúntenle a los muertos del Heaven o a los del New’s Divine.

http://twitter.com/robertayque