Artículo mortis

Imperdonable

Luego de su segunda gran fuga, El Chapo Guzmán se consolida como una figura de leyenda en un país donde la conducción inepta, abúlica, demagógica y corrupta de nuestras autoridades mantiene a los ciudadanos a merced de unos malosos que, paradójicamente, sí parecen saber cómo hacerlo. Difícil pensar otra cosa cuando, como gesto representativo del lamentable estado de nuestros servicios públicos, un médico le extrae a un niño el ojo sano en vez del canceroso, o cuando el gobernante que se vende como el mejor alcalde del mundo deja un reguero pestilente a lo largo de la Línea 12 —pasando por la Plaza Río de Janeiro—, por no mencionar esas grandes reformas desde Los Pinos que, nos juraban, moverían a México en 15 minutos. Estos y otros logros de la revolución crecen y se multiplican al amparo de una impunidad absoluta, donde el aparato de denuncia y de justicia solo se activa empujado por vendettas políticas.

Hay que decir que El Chapo no es el primero, ni el único, en tomar provecho del estado de descomposición de las cárceles mexicanas, muestra insigne de nuestro fallido sistema de justicia: en 2009, 53 reos se escaparon en convoyes que ya los esperaban afuera, con la plena aquiescencia de sus vigías, del penal de Zacatecas. En 2012, más de una centena se peló por un túnel del penal de Piedras Negras y, ese mismo año, en el de Apodaca, casi 50 presos del bando contrario fueron tan abatidos como asesinados antes de que 30 zetas se fugaran sin que acudiera un solo policía. El gran negocio de las extorsiones telefónicas se hace, sin que las autoridades hayan podido o querido parar algo tan simple como el contrabando y uso de celulares, principalmente desde los penales, sobre todo los tamaulipecos. En Durango, el de Gómez Palacio fue cerrado en 2013 luego de ser usado, por años, como casa de seguridad donde los narcos tomaban “prestadas” armas y vehículos oficiales para realizar encomiendas nocturnas. En esta ocasión, como en las anteriores, se detuvo a los guardias y al director de la prisión para interrogarlos. En las anteriores, cuando mucho se despidió a un par de oficiales menores.

En medio de este marasmo ayer las redes sociales le hacían odas y pedían corridos para El Chapo por aventarse una obra de ingeniería de primer mundo, escaparse de nuevo de una cárcel de máxima seguridad, pintarle un dedo a las autoridades incompetentes y retomar oficialmente el control de sus jugosos negocios, todo como si fuera quítame estas pajas. Es natural que la juventud mexicana tome al astuto capo como ejemplo a emular. Lo imperdonable es que ese vaya a ser el legado de la presente administración.

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