Artículo mortis

Frutsis, pingüinos y desaparecidos

El gobernador Javier Duarte se congratuló a fines de 2014 de la mejora en seguridad experimentada por Veracruz, asegurando que allí antes "se hablaba de balaceras y asesinatos, mientras que ahora solo se reportan robos a negocios, de frutsis y pingüinos".

Aun concediendo que el asesinato del fotorreportero Rubén Espinosa, quien huyó de Veracruz por amenazas e intimidaciones varias, se haya debido a una malhadada casualidad —que los sicarios hayan ido por la chica que le hacía de chivo los tamales al distribuidor de cocaína del barrio, y que Espinosa haya estado en el sitio y momento equivocado, nomás—, no deja de ser Veracruz el estado que ha visto asesinados a 10 periodistas, que ha cesado a 180 policías por vínculos con el crimen organizado, que ha doblado los reportes de tráfico de migrantes, que cuenta desaparecidas a más de 150 personas y que ostenta el tercer lugar en número de secuestros del país, todo mientras el gobernador culpa a los reporteros de haber muerto por sus malas compañías mientras recibe, sin que se le caiga la cara, un premio por "los esfuerzos que ha hecho Veracruz para garantizar el pleno ejercicio de la libertad de expresión".

El levantón, el pasado 11 de enero, de cinco muchachos que regresaban por Tierra Blanca de una fiesta para ser detenidos por policías que luego los entregaron a sicarios, es una reedición del crimen de Iguala y, como aquél, no tiene trazas de resolverse pronto: hasta hoy se han encontrado en municipios cercanos fosas con 15 cadáveres, ninguno de los cuales pertenece a los desaparecidos, y los padres se quejan de que la autoridad estatal les da más excusas que respuestas.

Igual sucedió en el caso de los 20 de Atoyac, hace un año y medio, más o menos al mismo tiempo que el discurso de los frutsis, y al cual muy pocos recuerdan: 20 personas fueron levantadas por camionetas policiales para ser borradas de la faz de la tierra. En su búsqueda han aparecido casi 40 cuerpos, muchos con huellas de tortura, ninguno de los cuales ha sido identificado como alguna de las víctimas. Pero antes de Atoyac y de Tierra Blanca, antes incluso que Ayotzinapa, a fines de 2011, un operativo de la Marina atrapó a Raúl Lucio Hernández, El Lucky, operador zeta de la zona. Hernández confesó que los zetas pagaban 30 millones al mes a las policías veracruzanas, y que su enlace con la administración estatal se llamaba Lagos. El único Lagos en el gobierno de Duarte es Érick Lagos, hasta la fecha secretario de Gobierno.

Y no, allí tampoco pasó nada.

Twitter: @robertayque