Artículo mortis

La disculpa

Uno de los datos del estudio del CIDE y del Imco publicado el año pasado, titulado "México: anatomía de la corrupción", es revelador: 88 por ciento de los mexicanos piensa que la corrupción es un problema frecuente y grave, pero 43 por ciento cree que en su familia no hay corruptos. O sea, casi la mitad de la población piensa que la omnipresente corrupción nacional es cometida por los otros: por los demás.

Con o sin ilusión óptica, el rasgo le cuesta al país 5 por ciento de las inversiones; 5 por ciento de las ventas anuales de empresas y comercios; 480 mil empleos anuales a causa de la piratería; entre 2 y 10 por ciento del PIB, dependiendo a qué agencia se le pregunte —el banco de México apuntó al 9 por ciento en 2015—, y 14 por ciento del ingreso promedio anual de los hogares —en el caso de los más pobres, la cifra asciende a 33 por ciento— destinado para pagos relacionados con el uso y la costumbre.

En pesos y centavos, el Banco de México estimó que en 2015 perdimos un billón 602 mil 986 millones 130 mil pesos gracias a esta práctica, sin hablar de los costos sociales de la impunidad, la ineptitud y la violencia, horribles subproductos de la corrupción. Y cómo no, si solo 2 por ciento de estos delitos se castiga, y "siempre los cometidos por mandos inferiores".

Esto nos lleva a la disculpa de marras. El día de la promulgación de las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción, el Presidente dijo así: "En noviembre de 2014, la información difundida sobre la llamada casa blanca causó gran indignación... No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó a la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. Por eso, con toda humildad, les pido perdón". Lo mejor fue el remate: "Tenemos que vernos en el espejo. Empezando por el propio Presidente de la República".

En suma, EPN llamó a la autocrítica, aunque no reconoció culpa alguna, y si pidió perdón, fue apenas por haber violentado sin querer nuestra condición de jarritos de Tlaquepaque. La anterior delicadeza le ganó un atronador aplauso. Y es que los allí presentes han de creer que la corrupción nacional emana de las otras presidencias; de las demás presidencias.

Twitter: @robertayque