Artículo mortis

Diálogos para lelos

No, Carlos, esa es otra cosa. Este movimiento vive por y para movilizarse. Sin movilización se debilita. Si se deja de movilizar, si deja de actuar, se va diluyendo, más allá de lo que haga o no haga el gobierno". Así le contestó Azael Santiago Chepi, líder de la 22 hasta el 2012, a Carlos Puig, en entrevista, cuando Gabino Cué, ése que aparentemente no paga lo suficiente para que no le peguen, tomó posesión del gobierno de Oaxaca en 2010 con el apoyo abierto del sindicato de maestros, con lo cual parecía que se calmarían las aguas en el estado donde más de un millón de niños lleva años sin completar un ciclo escolar.

Desde que asumió la dirigencia de la 22 en 2008, y cuando menos hasta el año pasado, Chepi cobraba 109 mil pesos al mes a la SEP como su comisionado en Oaxaca. No parece haber renunciado a ellos ni cuando López Obrador lo ungió con una candidatura a diputado federal, donde Chepi anunció que se lanzaría contra la reforma por "ir en contra de la educación pública y del interés superior de los niños y niñas", tras lo cual la 22 se aprestó a aclarar que el candidato de AMLO no era el suyo, que ellos no se juntaban con esa chusma. Al final el ex priista convertido en pejista —uno más— perdió contra el priista legal y legítimo Vitálico Cándido Coheto, tras lo cual acusó a los bloqueos electorales cortesía de su organización —recordemos la quema de urnas y de casillas, y las intimidaciones a los votantes en las elecciones pasadas— de propiciar su derrota.

Quizá el hoy secretario general de la 22, Rubén Núñez, y el de Organización, Francisco Villalobos, no sean tan floridos como su antecesor. Pero se engaña quien piensa que no viven de y para lo mismo: movilizarse. Su oposición a la reforma educativa, que más bien es administrativa, es porque ésta les impide acceder a un presupuesto que antes controlaban en la más completa opacidad; el gobierno, a su vez, les ha girado órdenes de aprehensión, pero no por vandalismo ni por la toma de vías públicas —ni, menos, por pasarse por el cucú a generaciones de niños oaxaqueños—, sino por lavado de dinero, ese arresto tan a modo que, por corrección política o por falta de higiene jurídica, usan en vez de los delitos medulares.

El asunto es que el gobierno quiere que cese la violencia y la inestabilidad que devalúa y compromete su imagen. El sindicato, lubricado por la ineptitud oficial, hace lo pertinente para un grupo de extorsión puro y duro —de la procedencia de los agitadores armados luego hablamos—. Pero ambos afirman que quieren sentarse a dialogar sobre la educación y el futuro de nuestra niñez. Por mi madre, bohemios, que ese guión no lo compra ni La Rosa de Guadalupe.

Twitter: @robertayque