Artículo mortis

Cubriendo nuestras estatuas

La semana pasada visitó Europa el presidente iraní, Hassan Rouhani, recientemente reintegrado al concierto de las naciones civilizadas gracias a la firma de un tratado, redactado por la Casa Blanca, que permitirá la supervisión de su programa nuclear. Al levantársele la mayoría de las sanciones internacionales, Irán salió de compras sin que nadie lo molestara con el asunto de los derechos humanos bajo una de las teocracias más feroces en existencia; una que, como botón de muestra, ahorcó a más de 800 pecadores el año pasado.

Rouhani se encontró en Italia con el premier Matteo Renzi, en los imponentes museos Capitolinos. O tempora o mores: las estatuas de mármol del corredor conducente al gran salón fueron cubiertas para evitarle al presidente lo que para su régimen fundamentalista es la ofensiva desnudez del cuerpo humano. La frase de Cicerón no puede ser más adecuada, pues abre una alocución contra Lucio Sergio Catilina, senador romano populista, demagogo y golpista, acusando la debilidad y corrupción del Estado romano al retrasar la ejecución del traidor.

El asunto trasciende la anécdota: el clasicismo humanista de las figuras autocensuradas representa lo más hermoso de los valores occidentales, y esconderlas para darle coba a los ayatolas que satanizan esos valores equivale a avergonzarse, justamente, de lo que representan. Hay que decir que Rouhani visitó también el Vaticano, y que nadie cubrió allí las vírgenes o los crucifijos.

Los franceses, por su parte, omitieron el vino en sus comidas, pero ese gesto, al fin y al cabo, quedó en el ámbito de la cortesía doméstica; una minucia considerando los 400 millones de euros que Peugeot-Citroën firmó con armadoras iraníes, o los 22 mil millones de euros por 118 aviones que recibirá Airbus.

La última visita que recibió París fue la de Raúl Castro, homenajeado hace días bajo el Arco del Triunfo. La cosecha de Raúl fue un fondo de 212 millones de euros, destinados a incentivar inversiones franco-cubanas que eventualmente paguen la deuda de casi 5 mil millones de euros que Cuba arrastra con Francia desde que dejó de pagarla en 1986. Hollande ha sido más que vocal en pedir la remoción de las sanciones contra la isla, resabio estéril de la guerra fría que, más que al gobierno castrista, castiga a los ciudadanos. Y eso está bien. No tan bien estuvo que, en la tierra desde la cual se proclamó la declaración universal de los derechos humanos, nadie mencionara las condiciones de censura y represión bajo la peor dictadura histórica de América Latina. Menos mal que, con los Castro, no hubo necesidad de cubrir las estatuas.

Twitter: @robertayque