Artículo mortis

Constituyendo

De plácemes parece estar la Ciudad de México porque ahora se va a llamar... Ciudad de México. Para la elección de los 60 diputados del nuevo congreso constituyente —otros 40 serán legisladores federales, o personajes designados por el Presidente y por el hasta ahora jefe de Gobierno—, el Instituto Nacional Electoral está pidiendo alrededor de 500 millones de pesos, 100 de los cuales serán entregados a la de ya a los nueve partidos políticos nacionales para que sus candidatos hagan campaña. O sea, cada nuevo diputado saldrá, por pieza, en entre 8 y 9 millones de pesos.

Nada mal para una ciudad donde, llámese como se llame, un día sí y el otro también fallan el agua y la luz; donde, fuera de las grandes avenidas, las lámparas lucen fundidas y las banquetas sucias y rotas; donde los giros negros florecen en total impunidad; donde hay que pedirle permiso a los franeleros y a los ambulantes para entrar a la propia casa; donde los ciudadanos le temen a la fuerza pública que se supone los protege y donde el común denominador en cualquier trámite delegacional es la extorsión.

Con notables excepciones, entre las 28 personalidades propuestas por Mancera para el grupo de trabajo que apoyará al constituyente hay muchas que parecen muñequitos de sololoy: se ven bonitos y gustan al gran público pero, más allá de llenar cuotas mercadológicas —decir ideológicas daría ternura—, difícilmente aportarán nada.

Que nadie se llame a engaño, que esa es la idea: barnizar el proyecto de progresista, izquierdista y de vanguardia, etiquetas muy gustadas por esos rumbos aunque, en los hechos, brillen por su ausencia. ¿Alguien realmente cree que, como resultado, la ciudad se convertirá en un reducto de igualdad y de justicia, donde los ciudadanos se sientan involucrados y comprometidos con el cumplimiento cabal de las políticas públicas? ¿Que mejorará la calidad de vida y los servicios públicos? ¿Que se desterrará la impunidad y el favoritismo de los grupos clientelares político-electorales, enquistados desde tiempos inmemoriales en la capital?

No. Sería titánico y requeriría de transformaciones reales a todos los niveles. Mucho más fácil es convocar a unos cuantos personajes con cierta fama pública que, sin importar sus muchos o pocos logros sólidos, se hayan pasado la vida ventilando su compromiso con la corrección política. Reunir para la foto a tal plétora de autoridades morales autóctonas basta y sobra: de allí sigue hacer la mayor cantidad de ceremonias festivas y populares y ver asomarse, sin tocar un quinto del cochinito electoral, el camino amarillo rumbo a la Presidencia.

Twitter: @robertayque