La siguiente, en Cuba


Así brindan algunos cubanos exiliados en Navidad, con la esperanza de pasar la siguiente en su tierra de origen. Pasan décadas y siguen brindando así, en lo que hasta hace poco era un gesto hueco, como cuando el padre de un amigo juraba que cuando cayera Castro se cortaría sus orgullosas barbas de Venustiano Carranza a sabiendas de que eso nunca sucedería. Y tenía razón: él ya murió y los Castro no solo no han caído, sino que en un descuido caen para arriba.

Y es que el romance entre la dictadura y el imperio va viento en popa; tras 18 meses de noviazgo clandestino en Canadá y otros sitios recónditos y oscuros —ahora sabemos, con la velada bendición del papa—, se anuncia formalmente el compromiso: se restablecerán las respectivas embajadas en Washington y la Habana —cerrada la gringa desde el 3 de enero de 1961— y Raúl Castro ha aceptado la invitación de Panamá a la Cumbre de las Américas de 2015, fiesta de donde la dictadura castrista había sido proscrita por el patrocinador, la OEA, desde 1962. Aunque las sanciones al régimen fueron levantadas no sin polémica en una asamblea del organismo en Honduras en 2009, Cuba se había rehusado a ir por considerarla un “ministerio colonial” de Washington.

Qué cosas tiene la vida, Mariana. Es cierto que Venezuela está en ruinas y no puede enviar la ayuda de siempre al mentor de Hugo Chávez, mismo que controlaba hasta el entourage del mandatario venezolano; dicho por el médico familiar, en el piso de la clínica donde convaleció el pajarito poderoso no entraba ningún compatriota suyo porque el staff completo, desde los médicos hasta los afanadores, eran enviados de La Habana. También sabemos que desde el fin de la guerra fría Rusia no tiene intención alguna de ayudar a la isla, que hoy por hoy no produce nada que Moscú no pueda obtener más fácilmente en otro lado. Y aunque le apostáramos a la nostalgia histórica de Putin, la ex unión soviética no está en posición de extender créditos insolventes, como sí lo hizo recientemente un México que, a pesar del gesto, tampoco se apuntará para la reincidencia. Por otro lado, la Perestroika caribeña no ha sido suficiente para estimular una economía que tiene rato en cuidados intensivos, y los logros cantados por los cubanos en cuanto a salud pública y educación deben tomarse con un grano de sal: la realidad es que no son competitivos fuera de la isla. Los chinos, hoy el verdadero imperio, tienen poco interés en Cuba más allá de hacer allí un par de campos de golf, porque prefieren invertir en economías menos riesgosas y porque saben que Cuba tiene poca o nula relevancia más allá de un discurso latinoamericanista que a ellos les importa un reverendo pistache.

Sí, la decisión del gobierno cubano de acercarse finalmente al nido de todos los gusanos se fundamenta en razones tan concretas como urgentes. Lo que está para la araña es, como en toda relación no kosher, ¿qué tanto estará dispuesto a sacrificar cada lado? Cuba ha dicho que seguirá siendo marxista pero, ahora que sus ciudadanos tendrán mayor acceso al estilo de vida de los gusanos de Miami, el régimen peligra mucho más que durante todo un embargo que, en realidad, más que debilitarlo, lo sustentaba. Por su parte, ¿qué tantas de las violaciones a los derechos humanos, de los crímenes propios de la vieja y férrea dictadura estará dispuesto a dejar pasar Washington? Sobre todo, ¿a cambio de qué?

Yo mejor sigo brindando por mis amigos cubanos, para que su siguiente Navidad sea en Cuba.

Twitter: @robertayque