Esto no es serio

Cómo catalogar a los consentidos de Estados Unidos, Qatar, los Emiratos Árabes y Arabia Saudí, dado que son sus arcas las que han patrocinado a ISIS que, como ellos, son devotos sunitas y partidarios de maridar religión y estado.

Sí, es pertinente discutir la amenaza de la crueldad y del oscurantismo emanado del nuevo califato frente a los valores democráticos y tolerantes del mundo de hoy. Pero no podemos olvidar que lo que allí pasa no es nuevo —ni, menos, califato—, que mucha de esa amenaza viene justamente de los basureros de nuestras preclaras democracias y que hay grupos fundamentalistas tan arcaicos o más en sus credos en los campos de maíz de los Estados Unidos o, incluso, en los Altos de Jalisco; hay tanta o más misoginia tolerada y hasta justificada como “usos y costumbres” entre nuestras etnias, y hace rato que nadie se espanta por las decapitaciones, las mutilaciones y el despliegue de sangre y de vísceras usado como instrumento de terror en amplias partes de México sin que las naciones civilizadas se junten de manera urgente en París para ponerle un alto a la barbarie.

En el caso del Levante, nos asustamos de que haya quien quiera imponer un gobierno de leyes tan draconianas como arbitrarias, justificando sus atrocidades llamándolas emanadas de la voluntad divina. Pero la figura del cacique o macho dominante, la defensa de la religión como coartada para montar en armas, el nacionalismo acendrado y los feroces castigos corporales han sido desde hace milenios modos habituales allí, como en tantos otros lados; la diferencia es que, antes, esos comportamientos difícilmente trascendían la escena local y ahora, con el altavoz provisto por los tanques, las cámaras y las metralletas, es más difícil ignorarlos. Quizá los combatientes islamistas le dirán a sus futuros mártires otra cosa, pero bien sabemos que no ha sido precisamente la benevolencia de Alá lo que le ha permitido al ISIS comerse más de 30 por ciento de una Siria descabezada por una terrible guerra civil donde 70 u 80 de los grupos rebeldes son fondeados por Estados Unidos, y a un Irak devastado por 10 años de ocupación luego de haber tumbado los gringos al muy dictador pero muy laico Sadam Husein, sino, además de lo anterior, el regalo de dinero y de armas constantes y sonantes desde gobiernos geográficamente e ideológicamente cercanos a las milicias salafíes.

Más que asustarse habría que preguntar, ¿quiénes están sosteniendo y armando a estos grupos, dándole de paso dientes y difusión a su bárbaro discurso? Por otro lado, ¿quiénes serían los aliados de occidente en esta enésima guerra contra el terror? No sé cómo catalogar a los consentidos de Estados Unidos, Qatar, los Emiratos Árabes y Arabia Saudí, entre otros, dado que son sus arcas las que han patrocinado generosamente a ISIS que, como ellos, son devotos sunitas y partidarios de maridar religión y estado. Los kurdos, quienes con más ahínco combaten a las nuevas milicias islámicas en tierra, son ahora presentados como valientes y moderados, cuando hasta ayer eran etiquetados como crueles y rijosos por pelear su independencia de una Turquía históricamente amiga, pero que hoy no se pone de acuerdo con Washington sobre a qué grupo rebelde apoyar. ¿El otro enemigo de los enemigos? Se los diré cuando estén sentados: Irán, sí, el de los ayatolás chiitas y, por tanto, enfrentado a muerte con ISIS. ¿Por qué no ha entrado Teherán de lleno a la coalición que combate a ISIS? Porque, además de acusar a Washington de incubar este desastre, rechaza el uso de drones y bombas sobre Siria e Irak que pretenden los gringos.

Qué bueno que acá, en occidente, somos modernos y civilizados y nunca hacemos cosas tan horribles como las que acostumbran en aquellas tierras bárbaras.

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