¿Ya nos robaron el petróleo?

Al paso que vamos, la mafia en el poder necesitará del siguiente Mundial para distraernos antes de que todo acabe.

Porque ya se acabó el Mundial y como que no se ve avance. Se supone que hoy se votan en el Senado, en comisiones, los dictámenes de las leyes secundarias; eso, si el proceso no se aplaza una vez más. Lo que resulte será presentado a la Comisión Política Permanente, que de allí llamaría a un periodo extraordinario; después, todo de vuelta al Congreso. Al paso que vamos, la mafia en el poder necesitará del siguiente Mundial para distraernos antes de que todo acabe.

¿Cuáles son los argumentos en contra? Muchas marchas, si a eso se le puede llamar argumento, y que la venta del petróleo es anatema; que los extranjeros nos robarán y que los políticos neoliberales nos volverán a saquear. La realidad es que todo eso es mentiroso y manipulador como guión de Televisa: escuchar que los bienes de una nación deben ser colocados en los altares antes de ponerlos a producir riqueza para sus habitantes es como cuando Provida dice que la sexualidad humana es tan preciosa que no debe usarse nunca. Sin mencionar que el petróleo se volverá cada día más difícil de vender ante las energías alternativas y los nuevos métodos de extracción que han permitido a las grandes economías ser casi autosustentables en materia energética: el pasado trimestre, por primera vez en la historia, Estados Unidos exportó a México más hidrocarburos de los que importó.

Y aún hay más: si nos pusiéramos a hacer cuentas de cuánto del petróleo ya extraído desde la expropiación decretada por Lázaro Cárdenas ha beneficiado al ciudadano mexicano promedio en la forma de infraestructura para educación, seguridad y salud de primer mundo en vez de irse a, digamos, apuntalar proyectos políticos o a cosas aún más prosaicas como el uso de jets privados para el transporte de las mascotas de la familia del líder sindical de la empresa petrolera en cuestión —pero, eso sí, una estrictamente mexicana, pública y guadalupana—, quizá nos llevemos una sorpresa. Quien se consuele pensando que aquellos que por décadas nos negaron la libertad de decidir —en gran parte gracias a la holgura económica otorgada por esa riqueza petrolera con la cual construyeron su dictadura, los mismos que hoy nos siguen robando a secas, desde ese viejo partido o desde los demás, al fin iguales en forma y fondo—, cuando menos son connacionales y no imperialistas gringos o europeos, necesita una revisión no solo histórica, sino ética en calidad de urgente. Porque la mala o buena fortuna de México no depende en modo alguno de si el petróleo es extraído y vendido por empresas privadas o públicas, por los nacidos aquí o por algún masiosare, y quien así lo quiera pintar es un chacal oportunista que busca capitalizar el pensamiento religioso atorado en los 60 de una parte muy vocal de la población nacional.

Por otro lado, los que pretenden ilusionarnos con la bonanza que vendrá después de prometerle al sindicato petrolero que no se despedirá ni a los perros VIP a pesar de las pérdidas de 2.7 mil millones en el primer trimestre de 2014, o sabiendo que el perverso régimen impositivo seguirá viendo a Pemex pagarle al Estado 50 por ciento de sus ganancias —16 mil millones de pesos en 2013— para solventar poco más que el gasto corriente, y cuando ni siquiera vemos claras las reformas faltando solo cuatro años para cumplirnos la jauja, pues, francamente, van a necesitar de harto futbol para distraernos cuando no haya con qué pagar una deuda pública que, nos dicen, es parte de la preparación para administrar la abundancia.

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