Con orden, sin ley

Nuestras autoridades han decidido coquetear con ese juego que con tan nefastas consecuencias promoviera el asesor colombiano, el general Óscar Naranjo, durante el mandato de Uribe.

Viene a la mente Michoacán, pero a estas alturas eso sería ingenuo: peor que cualquier acción del narco es pretender buscar restablecer la ley echando mano de la ilegalidad. Porque no podemos saber a estas alturas si el gobierno federal solo pasivamente tolera o activamente monta a los paramilitares michoacanos, pero, hasta donde yo sé, el que particulares porten armas o tomen atribuciones policiacas aún está prohibido en México.

A pesar de lo anterior, las llamadas autodefensas se pasean por el país, algunos con fuscas de buena envergadura, como por su casa. No sabemos quién los armó, pero esos rifles no salieron de un huevito Kínder. Los diversos grupos de vigilantes presumen un Consejo Ciudadano de Autodefensas y Comunitarios de Michoacán, liderado por José Manuel Mireles, y no se conocen riñas mayores entre ellos. Han tomado una a una las jefaturas policiacas municipales —la última, Parácuaro—, desarmando a sus elementos sin que ninguna autoridad les diga nada, hasta prácticamente rodear Apatzingán, nido de Los caballeros templarios, mismos que, si la memoria no me falla, surgieron érase una vez bajo la pretensión de defender a su pueblo del acoso del Cártel de Jalisco, NuevaGeneración. Las autodefensas han dicho que no se desarmarán hasta no ver caer las cabezas de los jefes templarios. No sabemos si lo dicen metafórica o literalmente.

Para alimentar el sospechosismo, Mireles mismo sufrió los primeros días de enero un accidente llegando de Guadalajara a La Huacana, Michoacán, en una avioneta privada matrícula XB-MSA. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes se ha negado a dar más detalles del plan de vuelo, y no sabemos a quién pertenecía la nave ni qué encomienda tenían sus pasajeros en Jalisco. Sí sabemos que el doctor Mireles fue llevado de allí hasta un hospital en el DF en un helicóptero de la Policía Federal, y que su habitación tuvo fuerte y constante vigilancia, aunque se recalcó una y otra vez que el accidentado no estaba bajo proceso o investigación alguna. Cuando se le preguntó a Miguel Ángel Osorio Chong que por qué protegía tanto a quien rompía tan flagrantemente la ley, dijo que porque el aludido había lastimado a los cárteles, y Mondragón y Kalb remató con que las autodefensas tenían harto apoyo popular. “Hacemos el trabajo del gobierno, y estamos dispuestos a morir”, ha dicho el jefe de los vigilantes, cuyos muchachos, quizá por no tener que lidiar con protocolos policiales, con derechos humanos o con un sistema judicial en forma, han sido mucho más eficaces que las fuerzas oficiales arrinconando a Servando Gómez Martínez, La Tuta, líder de los templarios quien, a su vez, ha sacado a sus huestes a repudiar con marchas, quemas y pancartas a los grupos de Mireles, a quienes acusa de hacerle el trabajo sucio al Cártel de Jalisco.

Lo que los recientes sucesos han dejado claro es que nuestras autoridades han decidido coquetear con ese juego que con tan nefastas consecuencias promoviera su asesor colombiano, el general Óscar Naranjo, durante el mandato de Uribe, enturbiando los peligrosos vasos comunicantes entre el narco, los paras, las policías y la guerrilla. Las autoridades mexicanas, supongo, apuestan a que aquí sí van a tener un final feliz. Ojalá me equivoque pero, si lo que quieren es restablecer la ley, lo van a lamentar. Ahora que si lo que quieren no es precisamente eso, pues, lo vamos a lamentar todos.

http://twitter.com/robertayque