No jodan con "Fuenteovejuna"

En el romanticismo del tema del caballero andante es fácil perder el foco: el enredo comienza porque los gobiernos fracasaron en Michoacán. Lo lacerante: aunque se note menos, han fracasado igual en el resto de México.

El domingo, cerca de 50 muchachos marcharon por la vía dolorosa que lleva del Ángel a la Secretaría de Gobernación. Dijeron querer mostrar su apoyo a las autodefensas michoacanas y solicitar el retiro de las fuerzas federales; no sé de qué manera marchar por la capital pueda ayudar a las autodefensas —o a cualquier otra causa—, pero siempre que alguien solicita el retiro de las fuerzas federales recuerdo a los encapuchados que por 500 pesos y una mochila cerraron en Monterrey la avenida Constitución cuando los ríos de sangre de la guerra contra el narco eran todavía una goterita. Quienes los contrataron les ordenaron pedir el retiro del Ejército, uno que poco tiempo antes había llegado a Nuevo León para paliar el tiradero de corrupción y de complicidad con los narcos cortesía del entonces gobernador Natividad González Parás.

No hay indicio alguno de que quienes marcharon por la capital fueron pagados por ello. Tampoco iban encapuchados; la protesta fue abiertamente convocada por un colectivo estudiantil que dice simpatizar con el SME, con la CNTE y con #PosMeSalto, y odiar a Peña Nieto y al capitalismo burgués; de no ser por la temprana defunción de los 132 estarían allí como en casa. El asunto es que hoy está de moda y de novedá, por oposición al fracaso del gobierno, ver a los grupos de autodefensa como héroes de la película, papá; como los precursores de ese despertar cívico, de esa revolución social tan esperada por nuestra retroizquierda.

Oficialmente se promete desarmarlos, aunque en los hechos no se les toque ni con el pétalo de una rosa. La narrativa progresista y de vanguardia habla de parcelas regresadas a sus legítimos dueños, de niños que vuelven a jugar en las plazas liberadas y de mansiones charras confiscadas a los capos huidos, pero olvida por completo las expulsiones de particulares sacados a patadas de los pueblos donde nacieron porque un abstracto alguien los señaló como colaboradores templarios. Porque venganza no es justicia, y no hay manera de saber si los dolores de cabeza que las milicias le dan a los esbirros de La Tuta son gracias a su particular visión de justicia sumaria, por instrucciones del cártel contrario, por hacerle en fast track el trabajo sucio al gobierno federal o todas las anteriores. Es de notar que dos de sus líderes, Mireles e Hipólito Mora, fueron llevados al hospital por los federales ante sus recientes emergencias médicas, detalle que no parecen ver los ternuritas que, pidiendo apoyar con todo a las autodefensas, exigen el retiro de esos mismos federales.

En el romanticismo propio del tema del caballero andante es fácil perder el foco: el enredo todo comienza porque los gobiernos locales y federales —priistas, panistas y perredistas— fracasaron en Michoacán. Lo verdaderamente lacerante es que, aunque se note menos, han fracasado igual en el resto de México; ¿dónde en el país tenemos jueces probos, juicios confiables o testigos calificados? ¿Qué tantos delitos resuelven nuestros cuerpos policiacos? ¿Dónde se duerme en paz sabiendo que afuera está el policía de la cuadra? ¿Qué porcentaje de culpables pisan la cárcel? ¿Cómo se trata a las víctimas? Quien no tiene palancas ni da cochupo, ¿qué posibilidades tiene de disfrutar, en el resto de los estados del país, una justicia contundente y expedita cuya carencia de ningún modo es exclusiva a la tragedia michoacana?

http://twitter.com/robertayque