La gran pelusa

Los panistas han armado un histórico castillo de la pureza donde el ejercicio de los valores parece radicar casi exclusivamente entre el ombligo y las rodillas, y la hipocresía que separa el discurso de los hechos merece ser señalada.

A pocos días de haber salido sacudiendo acomedidamente la pelusa de las nalgas de unas bailarinas exóticas, un grupo de diputados panistas fueron defenestrados por la sociedad entera y, lo que es peor, cesados de sus cargos por Gustavo Madero, el mandamás del partido y antes su padrino político.

Los señalamientos populares tienen algo de razón: todos tenemos el derecho de hacer de nuestras colas un rehilete, pero los panistas han armado un histórico castillo de la pureza donde el ejercicio de los valores parece radicar casi exclusivamente en la zona situada entre el ombligo y las rodillas, y la hipocresía que separa el discurso de los hechos en sus militantes más distinguidos merece ser señalada.

Pero quedarse allí es confirmar que la sociedad mexicana es más parecida a Susanito Peñafiel y Somellera que a, digamos, Olof Palme; al final, en el transcurso de esa noche loca no se le probó a nadie ningún delito. Perdieron el ejercicio de sus cargos por calientes, pero no por corruptos, aunque Luis Alberto Villarreal, diputado federal por Guanajuato y hasta el trance mano derecha de Madero y coordinador del grupo legislativo del PAN, fuera acusado muy poco antes, con bastante verosimilitud, de pedirle moche a un par de alcaldes para asignarles lana del presupuesto. ¿Y? ¿Qué pasó entonces? ¿Quién del PAN lo fustigó? ¿Qué hordas pidieron una investigación por la extorsión, o su renuncia? Inserte aquí el sonido de los grillos, y no necesariamente el de los de dos patas.

Porque si nos vamos a entregar a la rumorología y al sospechosismo, que sea por esto: Villarreal ha insistido en que la fiesta se pagó con recursos propios. Y parece que es cierto: el generoso anfitrión sería Edelmiro Sánchez, personaje bien conocido en Nuevo León por obtener dinero de procedencia dudosa para financiar selectas campañas panistas y porque, en un hecho no necesariamente relacionado con lo anterior, en 2004 fue detenido por llevar casi 90 kilos de mota en su camioneta. ¿Cómo salió libre? El conductor del vehículo, Jaime Adrián Álvarez, asumió la culpa. Y aún hay más: en septiembre de 2012, Sánchez fue la última persona en hablar con el diputado panista Hernán Belden momentos antes de que éste fuera secuestrado y asesinado.

Haciendo memoria, la difusión del actual video corrió a cargo de los mismos que en su momento armaron el mito de La Sombra, en realidad Daniel Aguayo Loredo, narcotraficante de poca altura vuelto informante y así llamado por salir siempre a contraluz para, se supone, proteger su identidad; Aguayo inculpaba con todo al equipo del entonces gobernador, Fernando Canales, bien conocido por su famosa frase de “En Nuevo León, los narcos se toparán con pared”, por los cada vez más notorios nexos entre la policía estatal y el incipiente crimen organizado en el estado.

El montaje de entonces fue una catástrofe mayúscula: Canales respondió con las negaciones iracundas de siempre y Aguayo, ante la indagatoria que se le venía, terminó afirmando que los susodichos le ofrecieron por sus declaraciones 30 mil pesos, de los cuales solo habría recibido 5. ¿Quién era entonces el delegado de la PGR en Nuevo León, que luego tomó el caso? Marcelo Garza y Garza, asesinado en 2006, también inmediatamente después de recibir una llamada telefónica.

Lo que aún no sabemos es, en esta ocasión, quién grabó el video. Habrá que esperar sentados pero, sospecho, allí estará buena parte del detalle.

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