Salivas invencibles

¿Junto a la intención de subir el mínimo hay algún plan para incentivar la actividad económica en la capital, de tal manera que la prosperidad generada sustente con algo más que discursos el alza salarial?

Así dice el artículo 90 de la Ley Federal del Trabajo: “El salario mínimo deberá ser suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos”. Para que se les corte la risa les diré que esa cantidad quedó fijada para el año en curso en menos de 70 pesos diarios: 63.77 para la zona B y 67.29 para la zona A. Como si nos hiciera falta colear una tabla más, somos el país que menor salario mínimo paga de entre todos los miembros de la OCDE. Limón a la herida: en los últimos 35 años el mínimo ha perdido prácticamente 70 por ciento de su poder adquisitivo. Pero se mueve un rayito de esperanza: el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, convocó a un debate nacional con el fin de generar una recuperación del salario, y remató señalando que en su cantón dicho monto sería, como mínimo, de 80 pesos diarios.

Suena estupendo. Lo malo es que el asunto me recuerda a ese reciente doble Hoy no Circula los sábados para los ciudadanos comunes y corrientes, pero con exención para los camiones y vehículos oficiales, y para los grupos corporativistas —tianguistas, mercados rodantes, etcétera— que tantos votos le aportan a los gobiernos de la gran Tenochtitlán; nulo reordenamiento del transporte público; entrada libre a los autos chocolate; corrupción extendida en los verificentros y ninguna regulación de las marchas que diarios nos recetan una inmensa cantidad de horas-escape. Ah, y del subsidio a la gasolina, ni con el pétalo de una rosa.

¿Que si el mínimo es insuficiente para mantener a una familia? Por supuesto. ¿Que si las políticas económicas nacionales, desde las demagógicas de la vieja dictadura tricolor —continuadas por sus herederos perredistas en los lares donde han gobernado, por cierto— hasta las de calidad y excelencia de los sexenios panistas, han sido incapaces de proveerle a la mayoría de los mexicanos prosperidad y bienestar? Con harta vergüenza pero sin duda. ¿Que si subir el salario por decreto va a mejorar el nivel de vida? Difícilmente.

¿Por qué? Por las mismas razones por las cuales el doble Hoy no Circula los sábados será tan engorroso como inútil: porque las variables son muchas y multifacéticas, y porque lo abordado es una visión reduccionista de las intrincadas aristas del problema. Así, los buenos deseos de subir el mínimo por decreto se quedarán más o menos en lo mismo de siempre: una movida más que nada publicitaria, no necesariamente encaminada a lograr el bienestar de nadie ni el mejoramiento de nada más allá de la imagen del proponente y quizá sus números en las urnas en la siguiente elección.

Me pregunto, por ejemplo, si junto a la intención de subir el mínimo hay algún plan para incentivar la actividad económica en la capital, de tal manera que la prosperidad generada sustente con algo más que discursos el alza salarial. Y me respondo que no: son absurdos los gongorismos hoy necesarios en el DF para abrir o llevar a buen puerto algún negocio o empresa; en modo alguno se castiga a los funcionarios públicos ineptos, huevones o corruptos que hacen de cualquier trámite allí un martirio; la infraestructura es cara y mala; los estándares mínimos de calidad son inexistentes y la impunidad e inseguridad son lacras padecidas por inversores y trabajadores por igual, pero sistemáticamente negadas por la autoridad que, eso sí, se pronuncia enfáticamente por subir el mínimo porque aquello es una barbaridad.

Sí: es una barbaridad.

http://twitter.com/robertayque