Internet libre

Con la iniciativa de reforma a las telecomunicaciones se abrió la competencia, pero también se hizo el intento de controlar o cerrar los contenidos o sitios que pusieran en peligro la “seguridad nacional”.

No es del agrado de todos: China impide el uso de Facebook y de Twitter, y Google se retiró desde 2010 de ese país ante la feroz censura que Pekín exigía en sus contenidos aunque, hay que decirlo, no sin antes haber aceptado ejercerla por varios años en espera de unas utilidades que no llegaron del todo. En Cuba internet, por su precio prohibitivo para el cubano promedio, por su lentitud y por la dificultad para obtener el servicio si no se es cercano al régimen, asegura que solo unos cuantos puedan usarlo; el país tiene el acceso más restringido de todo el hemisferio occidental. En Oriente esa distinción se la lleva Corea del Norte, con solo un 4 por ciento de su población conectada a una red severamente censurada. En Ecuador, Venezuela y Rusia, leyes recientemente aprobadas permiten bloquear páginas específicas alegando desde el bienestar de la niñez hasta la dignidad de la patria, castigando penalmente a blogueros y a periodistas críticos en aras del “interés nacional”. Arabia Saudí, Yemen y los Emiratos Árabes, entre otros países islámicos, restringen sistemáticamente la pornografía, los contenidos homosexuales y todo aquello considerado contrario a las buenas prácticas musulmanas; por ejemplo, las páginas que hablan sobre derechos humanos o equidad de género.

En México, a pesar de un internet más o menos caro e inconsistente —se corta, es lento y las opciones para el consumidor son muy limitadas—, la mayoría de la población puede no solo tener acceso al servicio, sino decir allí —y fuera de allí— lo que se le dé la gana: el único caso que me viene a la mente de mordaza cibernética es el retiro del genial video en YouTube —por aquello de la difamación y los “daños a la moral”— donde se parodiaba a Fidel Herrera al son de Rudo y Cursi pero con la letra: “Yo te vi, yo te vi, yo te vi, yo te vi robando”.

Con la iniciativa de reforma a las telecomunicaciones se abrió la competencia, pero también se hizo el intento, a través de sus artículos 145 y 197, de controlar o cerrar los contenidos o sitios de internet que pusieran en peligro la “seguridad nacional”. Las protestas no se hicieron esperar y los puntos al respecto fueron eliminados. Eso fue muy bueno; lo no tan bueno fue que, aun habiéndose anunciado el retiro de los artículos en cuestión, los agoreros de siempre convocaron a las mismas marchas inútiles de siempre donde gritaron los mismos ¡Fuera Televisa! y ¡Fuera EPN! de siempre: curiosamente, nunca increpan a Tv Azteca ni a ninguna otra empresa de medios, aunque todas produzcan los mismos contenidos para subnormales. Pero lo más increíble es que estos mismos grupos, antes de las elecciones, exigían “democratizar” los contenidos de los medios a través de “comisiones ciudadanas” que, entre otras cosas, rechazaran publicar todo aquello que “manipulara” y “desinformara” al “pueblo bueno”. Nadie de entre ellos consideró entonces que esto fuera, como es, censura, ni produjo contra la idea videos catastrofistas llamando al mundo a movilizaciones masivas que, por cierto, quedaron en puro tirititito: otro estallido social fallido. Y, peor aún: nadie de entre ellos considera hoy que pedir la eliminación de Televisa es, con todo lo impresentable de esta empresa y lo estulto de sus contenidos, otro acto más de censura.

Por cierto, el 3 de mayo es día de la libertad de prensa que, hasta donde yo sé, no se refiere a la libertad de algunas prensas, ni en ciertos casos, ni solo cuando lo dicho refleja alguna particular agenda.

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