Cortinas de humo

¿Por qué nadie demanda un futuro posible para nuestros niños, esos que las buenas conciencias suben a Facebook cuando migran o se prostituyen, probablemente por la ausencia de una oportunidad que hubiera comenzado en una escuela?

Mientras todos andaban con eso de las culebras en el Congreso y luego de haber sido distraídos a cabalidad con el futbol y el mamarrosazo, solo los informados y no manipulados nos dimos cuenta del tremendo agravio cometido contra la Nación: 60 por ciento de quienes buscaron una plaza magisterial fue calificado por la SEP y el INEE como “no idóneo para impartir clases”. Y estos números son dejando fuera a Oaxaca y a Michoacán, que se pasaron la ley por los dídimos negándose a la prueba de competencias y que, bien sabemos, por quedar sus alumnos siempre en el sótano de las evaluaciones en matemáticas, ciencias y español, ostentan a los maestros menos preparados del país: hay que decir que los pocos oaxaqueños que sí se sometieron al examen —acudieron 236 oaxaqueños y 681 michoacanos, pero lo hicieron en el DF, por no haber condiciones en sus propio estados— no se ubicaron al final de la tabla, sino en un promedio general, encontrándose hasta abajo en los resultados Chiapas, Tabasco y Guerrero, siendo en cambio los mejores Querétaro, Colima y DF.

De los 130 mil valientes que sí le entraron a la opción múltiple buscando una de las 11 mil y pico de plazas disponibles, casi 80 mil ni siquiera lograron ingresar a las listas básicas de donde se escogerán a las y los futuros guías de nuestra infancia: al grupo A, el más aventajado, solo pasaron 4 mil 500. Queda claro que el sueño de Justo Sierra, cristalizado luego por José Vasconcelos, de tener un sistema estandarizado que democratizara en su igualdad de instrucción y preparación a las diferentes regiones del país, sería hoy día un chiste de no ser porque representa la completa ruina de México: ni el problema del narco, ni la crisis de los migrantes, ni los desaparecidos, ni la impunidad o la corrupción ni, muchísimo menos, el regreso del PRI o la entrada de la inversión extranjera a la industria de los hidrocarburos retratan la desintegración nacional tanto como la condición y los resultados de nuestro sistema educativo. Lo asombroso es que nadie, o demasiados pocos, reparan en ello: ¿ya mencioné que la primera vuelta de todo el proceso debió cancelarse por las irregularidades, vulgarmente conocidas como transas, copia y robo de exámenes, cometidas por los propios maestros? Para el recuerdo: un paquete de exámenes fue robado en Chilapa, Guerrero, y vendido a quien se dejara por entre 5 y 15 mil pesos. Eso sí, la solidaridad gremial no se hizo esperar: hubo quien hizo polla para comprarlo entre varios. Y se supone que éstos, los que aceptaron probarse para lograr una plaza, son los buenos; los que no bloquean carreteras, secuestran, vandalizan o extorsionan.

La pregunta de los 64 mil pesos es ¿por qué habríamos los mexicanos de aceptar la ausencia conocida de conducta delincuencial como el rasero mínimo para nuestros educadores? ¿Por qué nadie ocupa el Zócalo demandando un futuro posible para nuestros niños, esos mismos que las buenas conciencias suben a cada rato a Facebook cuando migran o son obligados a prostituirse, muy probablemente por la ausencia de una oportunidad que hubiera comenzado con una escuela decente? Quizá porque estamos muy ocupados indignándonos porque ahora nuestro petróleo se lo va a robar Exxon en vez de Romero Deschamps, sosteniendo esa visión de Aztlán en posturas sociales y económicas obsoletas ya desde los 70. Más o menos cuando, en México, comenzaron a pudrirse nuestras escuelas sin que nadie hiciera nada por ello.

http://twitter.com/robertayque