Atrapados en los años 70

En la construcción de esta visión de Estado religiosa, estatuaria y nacionalista no parecen darse por enterados que, en un mundo abierto y globalizado, el petróleo se ha convertido en un bien a secas.

La semana pasada el US Naval Research Laboratory (NRL), o laboratorio de investigaciones navales de la Marina estadunidense, liberó un boletín anunciando que mediante un proceso electroquímico logró sintetizar hidrocarburos complejos —en pocas palabras, gasolina— usando únicamente agua de mar. Los científicos, encabezados por la doctora Heather Willauer, extrajeron los iones de carbono disueltos —los océanos sirven como esponjas para, entre otros, el dióxido de carbono que les llega en forma de agua de lluvia; el reciente aumento de éste en la atmósfera contribuye a la acidificación del agua y con ello a la muerte de los bancos de coral y al resquebrajamiento de las conchas de los animales marinos; por su atención, gracias— y sintetizaron hidrógeno que, una vez remezclado, formó el combustible. No estamos hablando de sueños de opio: con esa gasolina en el tanque hicieron volar exitosamente un avión a escala Mustang P 51.

La meta del NRL es que cada portaaviones, en un futuro cercano, produzca el combustible necesario para alimentar a sus aviones directamente del mar donde navega. Hoy el mayor escollo es que el proceso requiere demasiada energía; casi el doble de la que produce. ¿Qué tan pronto se estima que esto se revierta? La Dra. Willauer apuesta que en 10 años lograrán un producto de entre 3 y 6 dólares por galón que, además, ahorrará el trámite de los buques cargueros. Y será energía relativamente limpia.

Sí, hablamos de un prototipo, con todas las dudas y discusiones pertinentes a su derredor. Pero el asunto promete, tanto o más que los biocombustibles o las nuevas tecnologías que cada día optimizan más la cosecha de energía eólica y solar. Mientras, en México tenemos políticos y líderes de altísimo nivel que montan campañas, marchas y desplegados indignados e iracundos para rechazar que el crudo mexicano, casi todo pesado y por ende caro de refinar —o sea, que deja poca ganancia comparado con los crudos ligeros— pueda convertirse en más dinero público a través de la inversión privada, alegando que esto violenta la soberanía y merca con el alma del país, como si el petróleo tuviera propiedades místicas.

En la construcción de esta visión de Estado religiosa, estatuaria y nacionalista —vaya: priista vintage—, no parecen darse por enterados de que, en un mundo abierto y globalizado, el petróleo se ha convertido en un bien a secas, manejado sin liturgia alguna por múltiples actores; que gracias a descubrimientos como el arriba descrito nuestro crudo cada vez valdrá menos; que, por ende, la presión que a través del combustible pueda ejercer en nuestra contra algún masiosare es mínima tirando a nula como, a la inversa, cada vez será menor la importancia o influencia de México gracias exclusivamente a sus reservas.

El asunto recuerda a los Imperios de la Pólvora, otomanos y mogoles que, más o menos a partir de 1300, construyeron su poderío principalmente con base en la producción, acopio y comercio del explosivo. En los albores de 1600 ningún turco gritaba “la pólvora no se vende, se defiende”, pero igual los europeos comenzaron a tundirles gracias, entre otros, al mecanismo de chispa, en vez del de mecha, en sus arcabuces; mecanismo que los otomanos se rehusaron a aceptar porque provenía del “extranjero”.

Del desarrollo de una industria con base a productos de mota legal y de la pelea feroz entre algunos despistados por canales de televisión abierta en la era de internet, después hablamos.

http://twitter.com/robertayque