Opinión

La economía, un dilema

¿Cuál es el modelo económico que puede llevarnos a una estabilidad y crecimiento, y además responda a los imperativos de democracia, soberanía e independencia nacional?

La rapidez de los cambios en la economía no se ajusta todavía a la política y a la cultura. El resultado es una etapa de crisis de los modelos sociales, económicos, políticos, y culturales. La crisis de los paradigmas obliga a innovar. Los modelos que se construyeron durante casi un siglo son hoy objeto de la más profunda revisión.

Requerimos nuevas fórmulas que sean una opción alternativa ajustada a la realidad para transitar mejor por el ciclo de cambios económicos, tecnológicos, políticos y culturales.

La relación del Estado con la sociedad y el mercado es uno de los temas a debate y está sujeto a interpretaciones derivadas de las propias transformaciones mundiales.

Vivimos en un mundo marcado por la presencia de gigantescas corporaciones multinacionales que actúan en el plano global, apoyadas en sistemas de telecomunicación y en tecnologías flexibles que les permiten seleccionar las ventajas comparativas de cada país, en un proceso de globalización de la producción a través de la fábrica mundial. En este contexto se dan numerosos debates entre las diversas corrientes ideológicas, económicas y políticas que pretenden transformarse en programas de gobierno.

¿En un contexto donde se habla del fin de la historia y de las ideologías, es posible volver a plantear un modelo económico que no sólo atienda las necesidades del mercado, sino que se oriente por valores no económicos, por finalidades sociales que derivan de particularidades de nuestra propia historia?

Si nos atenemos a los grandes problemas nacionales y a los cambios internacionales necesitaremos un sistema económico con un nuevo papel del Estado y del mercado; que remonte el dilema entre el dejar hacer del liberalismo y el intervencionismo estatal; que reconozca tanto la necesidad del mercado como la de garantizar el desarrollo sustentable económica, social y ecológicamente.

Ante el fracaso de los grandes modelos, ante el vacío que dejó la crisis de Estado de bienestar y caída del socialismo estadista y ante la exaltación del neoliberalismo, es necesario construir una nueva identidad económica que no caiga en los extremos donde se alinean las propuestas ideológicas, y precisar hacia dónde queremos llegar. Si bien debe reconocerse la eficiencia del mercado, esta no genera automáticamente los beneficios sociales a la comunidad, ni asegura la equidad porque carece de valor social de los procesos. El mercado tiene ventajas y limitaciones; tiene ventajas para la producción pero no es equitativo en la distribución. Por eso, es necesario un modelo que cubra los aspectos sociales excluidos en el cálculo económico, con un gobierno responsable con la comunidad frente a las desigualdades y la pobreza.