El mismo de la otra vez

¿A quién le temes?

Organizaciones, asociaciones, grupos de personas y jóvenes surgen constantemente y desaparecen, nacen con ímpetu y fuerza, se desvanecen y mueren sin dejar huella, la voluntad del ser humano ha sido quebrantada, hemos perdido por completo la brújula, estamos desorientados y ni siquiera sabemos que lo estamos, tenemos miedo, nos hemos convertido en seres temerosos, en algún momento de la historia, el ser humano vivió temeroso de Dios, con el paso de los siglos y al ver la grandiosidad y el potencial del hombre y la mujer, nos volvimos complacientes e individualistas, tal vez, a Dios no haya que temerle, pero es indispensable escucharlo.

Frente a nosotros se presentó la soberbia y con su magnífica presencia nos cautivó, nos hizo creer que el ser humano solo necesita de uno mismo para recorrer los caminos que la tierra nos presenta. Olvidamos que somos especiales y que además de una presencia física, somos seres espirituales.

Tristemente, no supimos capitalizar el hecho de ver a Dios como a un Padre amoroso, no supimos vivir sin temor, en la actualidad tampoco le tememos al diablo o al castigo eterno, nuestro miedo está enfocado a nosotros mismos, somos capaces de engañar, de mentir, defraudar y conspirar en contra de nuestro hermano, padre, amigo, hijo o esposa, hace tiempo que sembramos la semilla de la avaricia, del poder y el poseer, dejamos de lado la humildad, nos olvidamos de compartir lo que somos, intentamos vivir para siempre queriendo engañar al paso del tiempo sin darle a cada una de las etapas de nuestra vida el valor que representa.

Dejamos de temerle a Dios, pero no nos dimos el tiempo, distraídos con tanto resplandor del ingenio humano, de aprender a confiar en Dios, más pareciera que en el mundo actual, Dios es un mito y no una realidad. 

¿Hay razones para temerle al hombre? Por supuesto que las hay, la ambición y la soberbia de algunos cuantos, el miedo y la complacencia de muchos, nos están llevando a un mundo caótico que confunde la obsesión con el progreso,extraemos gas, comprometiendo la calidad de los mantos acuíferos, miles de millones de gente viviendo en pobreza extrema sin tomar en cuenta la inmensa cantidad de recursos naturales y humanos que tenemos a nuestro alcance para combatirla. 

Estamos presenciando la destrucción del hombre por el poder, la ambición y el progreso del hombre y aunque parece que nos empecinamos en nuestra destrucción, Dios existe, y junto con Él, miles de hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, niños y niñas, vemos un nuevo amanecer todos los días, apreciamos y disfrutamos cada instante, cada momento de nuestras vidas con la certeza de haberlo vivido.

Esfuérzate para que el temor que sientes por el hombre, no te convierta en un cobarde, mira a tu alrededor, siempre encontrarás algo cercano que te motive a darte y compartirte, a vivir sin temor. 


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