El mismo de la otra vez

De pastorelas y proyectos

El martes asistí a una pastorela del preescolar que dirige la compañera de mi vida durante 34 años, es algo que procuro hacer todos los años (25) y son muy pocas ocasiones las que no he asistido.Me gusta hacerlo, porque al igual que las posadas, peregrinaciones y villancicos, las pastorelas de los colegios me ayudan y me preparan para  mantener el espíritu de la Navidad, para impedir que las absurdas acciones de los gobernantes y la ligereza con que comúnmente las tomamos, me impida aprovechar esta época para convivir con familiares y amigos y compartir con gusto lo que con el paso del tiempo he aprendido a recibir y que ahora puedo dar.Hoy salí a caminar como lo hago desde hace un buen tiempo, hacía meses que no le prestaba atención a mi querida amiga La Luna, hoy nuevamente admire su belleza lo cual me permitió apreciar lo hermosa que es mi “Vieja”, a quien a veces tampoco le presto la atención debida pero sobre todo las atenciones que merece. La Luna se encontraba en cuarto creciente o menguante, nunca he sabido identificar las etapas, pero en estos días voy a investigar. Directamente abajo, una pequeña estrella parecía estar colgada de una de las puntas de La Luna, como si fuera una esfera de las que en esta época acostumbramos colgar con ilusión en el Pino Navideño, Pino que representa la fuente de la vida, la esfera colgada, soy yo.Salgo por las noches y veo con tristeza que una de las características de esta temporada, la costumbre de iluminar con luces de colores y adornos Navideños el exterior de las casas, se guardó para otra ocasión como un recordatorio de la oscuridad en la que estamos inmersos, apatía y desilusión. Con nostalgia recuerdo los tiempos en que el recorrido que hacía con mis hijos de Torreón Jardín a Hacienda del Rosario por las noches, era muy divertido por la gran cantidad de luces y adornos Navideños que observábamos en el trayecto, la luz ilumina el camino y nos llena de esperanza, hoy, hay poca luz en los corazones.Hace unos días escribía la necesidad que tenemos los seres humanos de comprometernos y hacer propósitos que estimulen al ser espiritual que existe en nosotros, olvidarnos un poco de las “carencias materiales” que nos agobian y transformar nuestros momentos de ocio en proyectar acciones que nos lleven a la necesidad de compartir mis dones, de donar mi experiencia, de balancear mi vida, de promover las buenas acciones y disfrutar el hoy a pesar de los inconvenientes que se puedan presentar.Hace unos días, hice el compromiso de engancharme en un proyecto que me permitiera sacar lo mejor de mí y compartirlo, el compromiso fue, acercarme a un matrimonio que teniendo tres hijos, recibieron otros tres al mismo tiempo, no pretendo, porque no puedo y no quiero, llegar y resolver los problemas que pudieran enfrentar, pero sí quiero involucrarme e involucrar a mi familia para estar cerca de ellos en todo momento y que ellos sientan nuestra cercanía, que juntos aprendamos más de este maravilloso mundo. Ya tuvimos contacto por teléfono y mañana nos vamos a conocer, desafortunadamente el mayor de los tres Bebes se adelantó en el camino, no tiene ningún sentido buscarle explicación a este hecho, porque seguramente no la vamos a encontrar, me quedo con lo dicho por la Mamá, “duele sí, pero la alegría de los otros dos es mayor”. No podemos permitir que con el paso de los años y las dificultades que se van a presentar, ese sentimiento desaparezca. 


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