El mismo de la otra vez

Ser parte de la solución

Durante muchos años de mi vida, descuide mi salud, alimentación, acondicionamiento físico y mi salud mental, eran tantas las cosas a las cuales debía ponerle atención que lo básico y lo fundamental para conservar la salud y la vida, lo hice a un lado. Fume en exceso y bebí también sin medir las consecuencias, lo primero afecto mi salud, lo segundo mi personalidad, el cigarro endureció mis venas y pulmones, lo segundo afecto mi espíritu. Viví gran parte de mi vida jactándome del tiempo que había transcurrido sin que yo fuera con un doctor, era algo así como un trofeo que mostraba a todo el mundo. Con el tiempo, deje el cigarro y la bebida, pero sin saberlo, el daño ya estaba hecho, continué con los excesos y malos hábitos en la manera de comer ignorando el hecho de que el cuerpo no es eterno y tiene caducidad, de igual manera necesita mantenimiento preventivo. Me burlaba de aquellos que regularmente iban con doctores y que se ocupaban de su salud y ver las cantidades que pagaban para que les dijeran que se encontraban bien de salud.Ignoré varias advertencias, me volví descuidado y preferí hacerme tonto que tomar medidas, un día, después de haber pasado una pésima noche, me dio un infarto, ignoré las advertencias que mi cuerpo me enviaba, esa misma noche, seguía alardeando de que yo no iba con doctores ni tomaba medicinas, ni siquiera aspirinas, decía con altanería.Desde entonces he cambiado muchos de mis hábitos, regularmente cumplo con la cantidad de ejercicio recomendada, no hago mucho esfuerzo, pero me sigue costando mucho trabajo cambiar mis hábitos alimenticios. Después de dos años del infarto, se presentaron otras advertencias, eran unos pequeños choques eléctricos en el muslo de la pierna izquierda, no preste atención, por ignorancia o por desconocimiento. De esta manera supe lo que son las convulsiones, desde entonces cargo con una alcancía en la cabeza que me hicieron para quitarme un tumor.Esto mismo le está pasando a nuestro México, por muchos lados observamos signos de descomposición, la enfermedad de la clase política mexicana tiene más de 100 años, pero nadie acepta el problema y por eso no se busca una cura, hace dos sexenios se hizo el intento, pero el mal es tan grande y los doctores que pretendieron corregirlo se conformaron con recetarle aspirinas al paciente, en lugar de buscar el origen y extirpar el tumor, el resultado es que la enfermedad reacciono con más fuerza.Este paciente, el sistema político mexicano, hace tiempo que perdió el rumbo y con ello la posibilidad de tomar las medidas necesarias para curarse, esta enfermedad, nos está afectando a todos, cada vez hay más pobreza, más necesidades, la corrupción está totalmente fuera de control y el cinismo es su modus operandi, es obvio que se han habituado a vivir y operar de esa manera y nos están llevando al colapso, lo que hoy se puede corregir con tratamiento y cirugía, mañana tendrá que ser por medio de amputación y violencia.Pero ¿Dónde estamos nosotros que somos los afectados? ¿Qué estamos haciendo para evitar que el colapso y la enfermedad nos arrastre? Somos como esos padres permisibles que eligen cerrar los ojos ante el desorden y las malas actitudes de los hijos pretendiendo dejarles la educación a escuelas y maestros que tomar el toro por los cuernos y resolver el problema.La sociedad mexicana está enferma, el cáncer de la corrupción invade todo el cuerpo, la respuesta es la denuncia y cero tolerancia a cualquier tipo de corrupción, dejemos de ser parte del problema.  


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