El mismo de la otra vez

Los males de este mundo

Es muy común que los servidores públicos de todos los niveles de gobierno, federal, estatal o municipal, se promocionen y promocionen su escaso y deficiente trabajo mediante el excesivo gasto de recursos que los ciudadanos aportamos al pagar nuestros impuestos, como si fueran las grandes obras que necesitamos, magnifican lo realizado y trabajan en base al borrón y cuenta nueva propiciando la impunidad y la corrupción que nos ahoga.Quien no ha escuchado a algún funcionario, en más de una ocasión, expresar lo mucho que trabaja y lo comprometido que está con la ciudad, el estado, el país y sus habitantes, nos dicen que trabajan 12 horas diarias y en ocasiones más, que tienen todas las “intenciones” de corregir el rumbo y de hacer lo que sus antecesores dejaron de hacer, se comprometen a realizar obras que de antemano saben que no cumplirán, con la única intención de obtener el voto de los menos favorecidos por un sistema obsoleto y corrupto, al cual no quieren cambiar y se niegan a renunciar a los beneficios económicos que reciben.A los ciudadanos de nuestro país, yo les quiero recordar que “la mayoría de los males de este mundo, los hizo gente que pensó que estaba haciendo lo correcto”. Gente “que pensó que hacía lo correcto” pero que no estaba preparada, capacitada y que no tenía los conocimientos ni la experiencia necesarios para dirigir. También tenemos que reconocer que esas personas que hicieron tanto daño buscando hacer lo correcto, contaron con la complicidad, apatía y desinterés de la ciudadanía que eligió mantenerse a un lado porque en un principio parecía que no se tocarían sus intereses personales, no se ocuparon de su deber ciudadano y cuando lo quisieron hacer, ya era demasiado tarde. Bastaría con poner el ejemplo del pueblo alemán que le dio rienda suelta a la locura de Hitler porque les había restablecido el orgullo. Las catastróficas consecuencias todos las conocemos.Hay tantos absurdos, mentiras y compromisos hechos al azar y sin la intención de cumplir, incongruencia en la manera de gobernar, tantas alarmas, alertas y luces rojas que nos advierten el peligro en que nos encontramos, que ya no podemos seguir manejando las mismas excusas de siempre para mantenernos al margen de las decisiones que toman los gobernantes sin nuestro consentimiento, decisiones con las que generalmente solo ellos se benefician y el producto de nuestro esfuerzo y trabajo solo lo vemos pasar de un bolsillo corrupto a otro.  


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