El mismo de la otra vez

Una experiencia inolvidable

Hay algo que todos deberíamos de considerar hacer y a lo que muy poca gente le presta atención, generalmente, la excusa es falta de tiempo, la realidad es falta de planeación y nulo interés por compartir con los demás experiencias, bendiciones y dones que hemos recibido, a lo largo de nuestra vida. Somos en general, individualistas, nos hemos vuelto demasiado recelosos y desconfiados y para colmo, hemos creado un entorno a nuestro alrededor en el cual existen enormes brechas entre ricos y pobres, vivimos en un país donde predomina la pobreza, donde muy pocos tienen acceso a una educación académica de calidad, donde millones peleamos por un hueso y por las migajas que caen de la mesa de algunos cuantos.

Cuando yo era niño, inclusive de joven, en las escuelas no se le daba tanta promoción a esta actividad, la cual, definitivamente te sensibiliza, te permite conocer a personas de diferentes estratos sociales, a convivir con ellos, conocer realidades diferentes a la tuya y por supuesto conocer regiones, culturas y costumbres, que de no ser por esta magnífica labor, los niños, jóvenes y los adultos, no tendríamos la menor posibilidad de conocer.Me refiero a “Las Misiones”, el viernes, fui a dejar a mi hijo que está en tercero de prepa al colegio, porque de ahí salían en camiones al estado de Puebla y compartir con miles de personas la palabra de Jesús.

Ese mismo día, pero con otro grupo, mi sobrina, de la misma edad, partía con otro equipo al estado de Chihuahua y así, es en toda la república mexicana, unos van, otros vienen, el fin es el mismo en todos los casos, convivir, conocer, aprender, darte y compartir al mismo tiempo que recibes esperanza, compasión, fe, compañerismo, trabajo comunitario en equipo, desprendimiento y amor al prójimo, puras cosas buenas que no cuestan y que tanta falta nos hacen.

Eran cientos de jóvenes de diferentes escuelas de la localidad, todos se veían contentos, motivados e ilusionados, muchos de ellos ya han asistido en otros años, ya conocen a que van y tienen la certeza de que pasaran una semana repleta de experiencias inolvidables que harán de ellos personas conscientes, comprometidas y dispuestas a aportar lo necesario para lograr un mundo más justo.

Otros que van por primera vez, no saben realmente que les espera, pero escuchar a sus compañeros que ya han asistido, les da seguridad y certeza de que pasaran momentos muy enriquecedores que dejaran huella y los marcaran para siempre.

Los Padres felices, al poder darles a sus hijos una experiencia por la cual muchos de nosotros habríamos querido pasar, la emoción es contagiosa, se ofrece una misa para que todo salga bien, me engancho fácilmente en el sentimiento colectivo, me siento muy tranquilo, en paz, renace en mi la idea de hacer esto alguna vez, anhelo dejar a un lado las excusas y unirme a uno de estos grupos ahora que aún puedo hacerlo. 


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