El mismo de la otra vez

El dolor y la alegría de vivir

Estos últimos días, anduve pasando por momentos de angustia, de frustración, de molestia conmigo mismo y en general con el mundo entero, creo que de alguna forma, todos pasamos por momentos así, los cuales queremos dejar atrás lo antes posible. En esta ocasión, me ha sucedido algo diferente al momento de enfrentar esta situación la cual tenía ya un buen rato de no presentarse.


En ocasiones anteriores, siempre había podido acercarme a mi Mamá, es indiscutible que quien mejor me conoce, es ella y para ella siempre he sido, como cada uno de mis hermanos el mejor de sus hijos, no necesitaba explicarle mucho ni hacerle toda una historia de lo que me sucedía, con solo verme lo sabía.


Por parte de ella, tampoco era necesario un largo discurso para calmarme y tranquilizarme, yo me acuerdo que generalmente me decía “no te apures yo te sigo queriendo igual y tú Papá también”, que más apoyo, que más respaldo necesita uno, que quien te trajo al mundo te siga queriendo igual a pesar de tus defectos, no quedaba otra opción más que seguir adelante.


En esta ocasión, pensé que no podía contar con ella, el Alzheimer le ha ido robando la consciencia, el Domingo, fui a recogerla para llevarla a misa y durante el trayecto iba pensando en cuánto la extraño, cuanto me gustaría que me reconociera y me dijera “no te apures yo te sigo queriendo igual y tú Papá también”, no fue así.


Sentados en la banca de la iglesia, se acercó, me agarro la mano me miró fijamente a los ojos, su mirada lo decía todo, ya en otras ocasiones había visto esa mirada de confusión y desesperación por no saber quién era ella, quién era yo y que hacíamos juntos, la abrace y varias veces le dije te quiero mucho. Pasaron unos cuantos minutos y se tranquilizó.


Ya no pude poner atención a misa, me di cuenta que mi angustia también había pasado, como por arte de magia desapareció y no ha regresado, Dios y la vida misma me da la oportunidad de regresarle a mi Mamá algo de lo que ella siempre me dio. El Alzheimer es una enfermedad muy cruel, pero de alguna forma nos permite a quienes estamos cerca de quien la padece, experimentar sensaciones y conocer parte de nuestro ser y nuestra personalidad que generalmente permanecen ocultos porque no los cultivamos.


Tiene unos días, yendo al centro de Alzheimer, me doy cuenta que ir, le sienta bien porque cuando me toca llevarla y recogerla se ve contenta, se queda tranquila a pesar de no saber en dónde está ni con quien se va a quedar, esta sensación es más contundente a la hora de recogerla, se despide de quienes la atienden con mucha ternura, les da abrazos y besos y les agradece sus atenciones, a su vez, las muchachas que la atienden le corresponden a sus muestras de cariño, a todos aquellos que dudan de la existencia de Dios, de un ser superior, les vendría bien darse una vuelta a esos lugares, los sentimientos que ahí se expresan, no brotaron de la nada, es algo implantado en nuestro ADN por alguien que nos ama y que también en el dolor nos enseña la alegría de vivir.


Es maravilloso que mi Mamá, aún en su inconsciencia, me siga dando tanto, me da esperanza, me dice que no claudique, que vivir con limitaciones y con la frente en alto siempre será mejor que vivir agachado en la abundancia, que su enfermedad me enseña y que está dispuesta a padecerla para que yo crezca.


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