El mismo de la otra vez

Un amigo se va

Es muy probable que este año sea el último de un gran amigo, no estoy triste aunque sé que me va a dejar, compartimos muchos momentos juntos, grandes ocasiones y situaciones difíciles, siempre estuvo a mi lado en los momentos en que lo necesité para enseñarme los grandes misterios de la vida y la belleza y maravillas de este mundo.Me mostró que no es conveniente apegarte a las cosas materiales, que lo verdaderamente importante está dentro de uno. Él, perdía todo lo que tenía en unos cuantos días, prácticamente se quedaba en los puros huesos pero no sufría, no se entristecía ni se amargaba la existencia, en su interior, comprendía que las cosas van y vienen, que con perseverancia y cuidado todo lo perdido lo podría recuperar, siempre supo lo que es trabajar en equipo y nunca regateó la ayuda que yo le ofrecía, de la misma manera en que él nunca me condicionó su amistad y enseñanzas.Lo más admirable de él, es que lo mismo que me daba a mí, se lo daba a cualquiera que se acercara, sin importar si era conocido o no, tampoco era importante si iba de paso o si podría tener una amistad duradera, a todos les brindaba alimento, inclusive a muchos que no lo conocieron, a todo el que quisiera le permitía admirar su belleza y sus cambios de estados de ánimo, los cuales siempre eran sorprendentes y llenos de vida.Nunca le importó, que en ocasiones lo ignorara y no le prestara la atención que merecía un excelente amigo, a pesar de esas posturas y desplantes de mi parte, él siempre se esmeraba más para atraer mi atención y lograr captar lo que me quería decir, las enseñanzas que tenía para mí.Tuvo siempre dos compañeros inseparables con quienes sin pretenderlo, competía por acaparar las miradas y la atención de quienes tuvimos la fortuna de conocerlos y verlos crecer, seguramente ellos también lo extrañarán como yo, pero también, seguirán su camino agradecidos por todo lo que les dio. Sus compañeros vestían de blanco a finales de invierno, de verde en primavera con bolitas verdes que con el pasar de los días se convertían en hermosos frutos morados, a ellos los conocemos con el nombre de ciruelos.Él, un majestuoso durazno, a finales de enero nos mostraba el renacer de la vida mediante el brote de cientos de flores de color rosa que con el paso de los días se combinaba con el verde de las pequeñas hojas que comenzaban a salir. Durante el verano el verde contrastaba con los aterciopelados frutos amarillos,los cuales disfrutamos por trece años. Los que tienen tiempo leyendo lo que escribo, saben el gran aprecio que le tengo al jardín de mi casa, cada planta y árbol significan algo para mí. También saben, que de no ser por el árbol de durazno no habría aprendido a apreciar tantas cosas maravillosas que nuestro planeta nos ofrece día a día, este año será sin duda un año especial.  


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