El mismo de la otra vez

Nietos

El día de hoy recibí un correo en donde se leía lo siguiente; <Mis padres fueron de la generación de “la Radio” ¡Se casaron y tuvieron siete hijos! Nosotros crecimos, y fuimos de la generación de “la Televisión” ¡Nos casamos y sólo tuvimos dos o tres hijos! Ellos crecieron, y son de la generación del “Internet” ¡Ni se casan, ni quieren tener hijos!>
Yo tuve la fortuna de conocer a mis cuatro abuelos y cualquier adjetivo que pueda yo decir para describir mi sentimiento hacia ellos, se quedaría corto, cada uno me dio lo que necesite de ellos y lo que recibí fue completamente diferente,cada quien me dio lo que pudo darme. De una cosa estoy seguro sin la menor duda, muchos de los mejores momentos de mi infancia, los pase en casa de mis abuelos.Mis hijos no conocieron a sus abuelos hombres, sé que los habrían disfrutado mucho, y estoy seguro de que mi Papá y mi suegro, habrían sido muy felices con ellos.
Ahora, tengo la fortuna de ser abuelo de una preciosa chiquilla que me alegra a cada instante, me rejuvenece y renueva, nunca me habría imaginado andar a mis 56 años, gateando por toda la sala de la casa jugando carreras y persiguiéndola como si fuera un niño, nunca imaginé, que a esta edad, andaría yo peleando por el bien común, hoy sé que esa y todos los niños lo merecen. El solo verla me divierte, me hace sonreír, detiene mis berrinches y mi frustración en contra del mundo que estamos creando.
Tengo que reconocer que no tengo la energía suficiente para seguirle el “gateo”, es increíble la energía que tiene disponible, es una hormiguita que a cada instante te asombra por la fortaleza, la decisión y la fuerza que tiene para pararse sobre las puntas de los pies, está en la etapa en que comienza a descubrir para que sirven algunas partes de su cuerpo, hace ruidos con la lengua, aplaude y baila descoordinadamente al escuchar música.
Pongo mucha más atención a todos sus progresos, que la puse con mis hijos, será porque con la edad, he bajado las revoluciones, tomo las cosas con más calma y esto me permite observar, no solo ver, me permite analizar y no solo reaccionar.
Ya no le doy tanta importancia ni me apura como antes, la muerte, mejor pongo mi atención al hecho de que hoy estoy vivo y que hoy es el día con el cual puedo hacer grandes cosas si me lo propongo, hoy es el día en que me puedo acercar a mi familia, puedo apoyar a un desconocido, puedo regresarle algo a mi comunidad, el ¿cuánto tiempo viviré? ha sido reemplazado por ¿cómo viviré el día de hoy?
He comenzado a cuestionarme si como Padre hice lo necesario, lo suficiente, si tuve la capacidad para dar lo que mis hijos necesitaban, me siento protector y me gustaría que mis nietos no tuvieran las carencias que por momentos tuvieron mis hijos, tanto de cariño cómo económicamente, sé que hubo momentos en los cuales falle y que sin lugar a dudas, estos, afectaron mi entorno y a mi familia y me pregunto si esos errores no afectarán también a mis nietos, siempre de alguna manera los sentimientos de culpa se las ingenian para hacer su aparición, gracias a Dios, los años te dan experiencia, te dan aprendizaje, he leído mucho más y material mucho más profundo y revelador, así que en esos momentos de duda este pensamiento me alegra y me vuelve a mi realidad, “Los nietos son la recompensa que Dios nos da por llegar a viejos”. Marcy de Maree


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