El mismo de la otra vez

Mantener la cabeza en alto y sonreír

No tengo la menor idea de lo que hoy voy a escribir, y no es porque no se me ocurra algo, es completamente al revés, se me vienen tantas cosas a la mente y tan atrabancadas, que no logro poner las ideas en orden y lo que logro escribir, es un caos y confusión, así es el día de hoy. No he estado deprimido, frustrado o desesperado a pesar de tener 5 días, encerrado por una tardía enfermedad invernal que a esta edad si se siente. Muy pocas veces en mi corta vida, me he sentido así. Pero para que lamentarme o quejarme, trate de resistirme cuando sentí el primer golpe, nada de doctores y medicinas, puedo salir adelante sin ellas, es una simple gripa que saldrá en tres días. Hoy cumplo una semana y recibí una lección más, de que los años te permiten aprender, no pasan para que seamos más necios o más tercos. “Si puedes mantener tú cabeza en alto y sonreír……no eres la norma, tú eres único para aquellos que tienen duda y desesperación”.

Por un instante mi ego se apoderó de mí y pensé que si soy de los que pueden mantener la cabeza en alto y sonreír,  me sentí bien al pensar que había gente que seguramente envidiaría la posición en la que me encuentro. Volví a leer y me concentre en responder conscientemente y no llevado por mi necesidad de ser admirado y comprendí que no he llegado a ese punto, pero lo estoy buscando, luego, se me vino a la mente el compromiso que significa llegar a ese momento en que “puedes mantener tu cabeza en alto y sonreír”. Tal vez tú te preguntes ¿cuál compromiso? Después de pensar un buen rato llegue a la conclusión de que “puedes mantener tu cabeza en alto y sonreír”, siempre y cuando no te olvides de “aquellos que tienen duda y desesperación”, y eso no quiere decir que vas a resolver los problemas de medio mundo, simplemente los tendrás presentes.


“Si nunca has experimentado el temor de la batalla, la soledad del recluso, la agonía de la tortura, las punzadas del hambre…………estás por encima de miles de millones en el mundo”.Realmente alguien puede decir que  está “exento del temor de la batalla”, la batalla con uno mismo con tus principios. “La soledad del recluso”, esa soledad que se siente cuando estás rodeado de tus seres queridos y estás incapacitado para admitir un error, para pedir perdón. “La agonía de la tortura” que vas cargando y acumulando por años por no poder soltar tu pasado. “Las punzadas del hambre”, cuando te excedes en cualquier aspecto de tu vida sin tener ninguna necesidad, solo el reconocimiento efímero de los demás.


El día de hoy, ha sido uno de esos días en que, sin realmente buscar, la vida me da respuestas, me brinda enseñanzas y me indica el camino por el cual hay que transitar, que la humildad es un don inapreciable el cual debemos cultivar con pasión, con amor, que siempre habrá quien este arriba, quienes abajo pero nuestro plano espiritual, siempre será horizontal, nuestra esencia es la misma, ocuparnos en que la mayoría conozca las cosas de este mundo nos da la oportunidad de “mantener la cabeza en alto y sonreír”.


“Jamás comprometas tus valores, recuerda que son lo que te hacen ser quien eres”. Tus valores, tus principios son algo que cargas desde tu procreación, nada te va a dar más satisfacciones que seguirlos, habrá momentos de duda, inclusive podrás caer en la tentación de las maravillas de este mundo material, pero cuando te apegas a los valores, comenzarás a tomar consciencia de que todos en este mundo podemos “mantener la cabeza en alto y sonreír”.


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