El mismo de la otra vez

Luz

En nuestro caminar por esta tierra, siempre nos vamos a topar de una u otra manera, con cosas maravillosas, paisajes, animales, avances tecnológicos y personas de las cuales podemos recibir enseñanzas de incalculable valor si estamos dispuestos, o más bien, preparados para recibirlas. Cuántas oportunidades perdidas, cuantas situaciones se nos presentan para trascender y progresar y las dejamos ir por no escuchar, por no ver, por no sentir.
A cada uno de nosotros se nos presentan, sin aviso previo, indicios, pistas, hasta acertijos, una persona que no encaja en determinado momento, una palabra que aparentemente esta fuera de lugar, una frase que te hace reflexionar, todo se conjuga en un momento determinado.
Hoy  recibí una de esas frases que te llegan en el preciso momento que la necesitas, no podría ser otro, no se quien la escribió pero seguro fue alguien que como yo, está atento a recibir las cosas sencillas de la vida. “Las personas son cómo los vitrales, de día brillan con la luz del sol, pero al llegar la noche, su verdadera belleza se revela solo si hay luz en el interior”.
Lo que nos distingue, nos diferencia y nos hace seres de incalculable valor, es esa luz interior que cada uno llevamos dentro y que se expresa con valores, con la capacidad de dar y recibir, la certeza de que puedo convencer con argumentos, no imponer con necedad, saber que cuando no hay nada que decir, es mejor callar, que no hay nada oculto que no salga a la luz, que el bien personal sólo se logra al obtener el bien común.
La luz del sol, me permite ver mi cualidad de ser humano, me permite ver en mí y en todo lo que me rodea, el paso del tiempo, lo insignificante y limitado de mi cuerpo mortal, la ambición que oculta la verdad, las ansias de poder que me nublan la razón, la libertad que tengo para confundir el valor que le podemos dar a los bienes materiales, la deslumbrante luz exterior y el brillo excesivo de las cosas materiales que me impiden ver lo que hay dentro de cada cosa, de cada persona. Con la luz exterior, generalmente lo que vemos de los demás, son máscaras, vemos lo que el otro quiere que veamos y no lo que realmente uno es.
La luz interior, no es tan escandalosa, no te deslumbra ni te encandila, a primera vista ni siquiera te das cuenta de que está ahí, tienes que poner atención, observar con paciencia, sacudirte los aires de grandeza, de prepotencia, el egoísmo no tiene cabida aquí, es a lo que todos aspiramos, a mostrar nuestra luz interior tal cual es, sin pretensiones, complejos, envidias, entonces podrás ver los magníficos colores del vitral.
Mi luz interior, me permite ver la de los demás, hay quienes con el paso del tiempo y confundidos, han descuidad su luz interior, se preocupan tanto por la fachada que ya no saben quiénes son, han perdido el rumbo, ofrecen obsequios y presentes que nadie les pide para mantener su fachada iluminada, hablan y no paran de hablar, para no escuchar los comentarios de los demás, yo en algún tiempo fui así.
Nuestro entorno sería completamente diferente si nos ocupáramos por mostrar al mundo nuestra luz interior tal y como es, si dejáramos a un lado la fachada que nos muestra la luz del sol, esa es efímera, limitada y con el tiempo se arruga, la interior permanece y prevalece intacta a través de la eternidad.


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