El mismo de la otra vez

Gandhi

Mucho se habla en estos tiempos sobre cómo educar a los hijos, libros y libros que nos dicen qué y cómo hacerle para tener unos hijos responsables, honestos y comprometidos con la sociedad, que si hay que ser fuertes o blandos, exigentes o comprensivos, sueltos o agarrados, permisivos o estrictos, creo que el debate sobre este tema nunca se termina, pero si me queda claro una cosa, lo que los hijos ven en los padres, es lo que más se queda grabado, puedes hablar mucho y bien, puedes ser excelente consejero, pero al final, las palabras se las lleva el viento, el ejemplo perdura para siempre si mi hablar es congruente con mi proceder, y si estos dos, van enfocados al bien común el mensaje se capta fácilmente y seguro te sentirás satisfecho con tu chamba de Padre.
Hace algunos días, recordé esta anécdota que según yo plática el hijo de Mahatma Gandhi al hacer referencia a la forma de educar con el ejemplo que pregonaba su Padre:
Un día común, Gandhi tenía que asistir a la ciudad porque iba a dar una conferencia así que le pidió a su hijo  que lo acompañara y aprovechar el viaje para  llevar el carro al taller. Al llegar a la ciudad, el hijo dejó a Gandhi en su conferencia y llevó el carro al taller, quedó de recoger a su Papá a las 5:00 en punto. Cómo iba a tener mucho tiempo libre decidió entrar al cine, a la hora que salió del cine, se dio cuenta que había pasado el tiempo y sin darse cuenta, eran las 5:30, corrió al taller y de inmediato fue a recoger a su Papá. Al llegar, Gandhi  extrañado le pregunto la razón por la cual había llegado tarde. El hijo apenado pero con seguridad le contestó que en el taller se habían tardado más de la cuenta.
Hijo mío, hay algo que debo de estar haciendo mal contigo, así que para pensar que es lo que estoy haciendo mal, caminaré los 28 kilómetros que hay hasta la casa. El hijo extrañado preguntó porqué. Gandhi le dijo, “al ver que te tardabas, hable al taller para ver que sucedía, me dijeron que el carro estaba listo pero tú no habías llegado a recogerlo. Si no tienes la confianza para decirme la verdad, es porque algo estoy haciendo mal, así que caminaré para pensar que estoy haciendo mal”. Al final, el hijo regresó a casa en el carro escoltando a su Papá y comenta, “en ese momento, un regaño no hubiera dejado huella, lo que hizo mi padre en ese momento, está grabado en mi memoria”.
¿Qué habría hecho yo? Me habría ofendido, habría gritado y le habría dicho lo irresponsable y desconsiderado de su proceder, en fin habría hecho un pancho del cual seguramente me arrepentiría un poco más tarde, ¿Qué habría logrado? Desconfianza y resentimiento por exhibirlo en público. ¿Otros que habrían hecho? Nada, simplemente nada, no le darían la menor importancia, esto le daría la excusa perfecta para ser irresponsable y descuidado. ¿Qué hizo Gandhi? Con su actitud, nos dio una muestra de humildad al reconocer que el fallo era de él, por medio de su hijo, nos enseñó que mentir, NO ES UNA OPCIÓN, y que siempre que cometes errores, hay consecuencias, aunque él se regresó en el carro, escoltó a su Padre por más de cuatro horas para recorrer la distancia y observó el esfuerzo y el cansancio que representó para su Padre.
“Antes de buscar las fallas del otro, pregúntate en que estás fallando tú”.



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