El mismo de la otra vez

Fin de año en familia

Fin de año en familia. 31 de diciembre de 1965, 8:00 am, aun perduraba en mis hermanos y en mí, la emoción de los regalos que habíamos recibido en Navidad, así que desde que despertamos nos dedicamos a jugar y jugar, esa era una de las grandes ventajas de las familias numerosas, siempre había alguien con quien jugar, te podías aburrir o enojar con uno, siempre había alguien disponible para seguir con el juego.Sin lugar a dudas el día último del año, era un día muy especial para nosotros, básicamente la pasábamos en la casa, la única salida programada que teníamos era ir a la capilla de Torreón Jardín a dar gracias por lo que habíamos recibido durante el año y ofrecer nuestro trabajo para que el Año Nuevo fuera grandioso. Todo el día era diversión, disfrutábamos mucho el juego y nuestra compañía.A eso de las seis de la tarde mi Mamá daba las instrucciones necesarias para prepararnos para ir a la capilla, no es fácil organizar a ocho niños que van de los 3 años a los 11. Por supuesto que todos habíamos recibido, en Navidad, algo de ropa a la que no le habíamos prestado atención por estar hipnotizados con los juguetes, esa ropa estaba perfectamente pensada para estrenarse ese día, pantalones y camisas muy parecidas y coloridas a cuadros o rayas que tenían el  propósito de poder identificarnos si alguno de nosotros tomaba el camino equivocado.Unos días antes de Navidad, todos pasábamos por las manos de Don Tomás el peluquero  oficial de la familia, todos el mismo corte, casi a rapa con un buen mechón de copete, el cual para mantenerlo en su lugar, recibía una buena cantidad de agua con limón, los zapatos súper voleados, aunque eran los que usábamos en la escuela, para ese día parecían nuevecitos de lo brillosos que quedaban después de llevarlos con el bolero. Algo que tampoco podía faltar, y que era otra manera de identificarnos, eran los suéteres que nos tejía mi Mamá, gruesotes, pesados, increíblemente calientitos y de diseños y colores muy originales, con esos suéteres era prácticamente imposible tener frío.Salíamos de la capilla ya a oscuras para regresar a la casa y disfrutar de una gran velada repleta de grandes atractivos, uno de ellos era la botana, aceitunas, cebollitas de cambray, angulas, ostiones, palmitos, spam, jamón serrano, manjares que muy pocas veces comíamos al año, podíamos tomar Coca Cola ilimitadamente, cenábamos pavo y de postre un pastel de chocolate con betún de crema con nueces que era una tradición y especialidad de mi Mamá.Pero ahí no terminaba todo, mi Papá, tenía un proyector de cine de 16mm, de los que se usaban en los cines así que nos preparábamos para ver una función que en ese año consistió en tres caricaturas del Pájaro Loco y como función estelar “Tarzán el Rey de la Selva” con JonhyWeismuller. En lugar de comer palomitas durante la función, el menú era más sofisticado, consistía en frutas secas, almendras confitadas, turrón, ciruelas y carquiñoles.Uno pudiera pensar que eso había sido suficiente pero no, quedaba una actividad que nos encantaba y representaba el término de un día mágico, los tiros al aire, mi Papá era muy aficionado a las armas y contaba con una buena selección de ellas así que el día terminaba de una manera muy ruidosa y muy impresionante para nosotros.Este fin de año lo vamos a pasar en familia, vamos a agradecer todo lo que logramos aprender. ¡GRACIAS 2014! ¡BIENVENIDO 2015! 


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