El mismo de la otra vez

Dueño de mi destino

¿Qué tan consciente estoy de que yo soy dueño de mi destino? ¿Soy de los que culpo a los demás por mis “fracasos” y decepciones? Al fin de cuentas, ¿Qué es un fracaso? Un “fracaso” es una oportunidad de iniciar nuevamente el camino pero con más posibilidades de llegar a la meta porque ya conozco un atajo por el cuál no debo de transitar.  Un “fracaso” es solo eso, es también una manera de aprender.
Leer es importante, porque nos da la oportunidad de conocernos, de conocer nuestro entorno, nuestro país, el mundo y nuestra gente, además de concientizar algunas cosas a las que no les damos importancia pero que juegan un papel vital en nuestras vidas, por ejemplo, ayer encontré esta descripción que me llamó mucho la atención. “Deficiente: es aquel que no consigue modificar su vida y acepta las imposiciones de otras personas, y de la sociedad misma, sin tener consciencia de que él es dueño de su destino”.Es triste comprender, que por años fui una persona deficiente, culpe a otros de mi destino, acepte imposiciones, eso en mí ya quedo atrás, ¿pero cuantos de nosotros actualmente, somos deficientes? ¿Cuántos de nosotros aceptamos imposiciones de gente sin valores que busca, por sobre cualquier cosa, un bien personal sin importar el daño que causan?
Ser deficiente me lleva a sentirme culpable, culpable por lo que pudo haber sido y no fue. Aquel que tiene sentimientos de culpa pierde la capacidad de buscar, de intentar, se le imposibilita cambiar el rumbo de su vida porque finalmente “culpable, es aquel que sabe que pudo hacer algo y ni siquiera lo intento”. Excusas hay muchas, cada uno de nosotros las hemos utilizado en algún momento de nuestras vidas, inclusive hemos sido creadores de algunas de ellas.
Los sentimientos de culpa te agobian, te impiden trabajar, querer, amar, cuidar, emprender, te hacen “deficiente” y así, sin darnos cuenta entramos en un círculo vicioso y sin saber cómo, nos convertimos en unos seres “miserables”, nos desubicamos, perdemos la fe, dejamos de creer en nosotros mismos y en quien nos creó porque finalmente, “miserable es aquel, que perdió la capacidad para ver lo bueno, es aquel que no logra ver en este mundo la obra de Dios”.
Cuida tu imagen, tu persona, se ejemplo para tus hijos y tu comunidad, comprende que tu salud no tiene precio, no la malgastes pretendiendo ser alguien que no eres, “mantente en forma no para que te vean bien, mantente en forma porque alguien podría pedirte hacer algo importante”.


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