El mismo de la otra vez

Días frescos y nublados

Me gustan los días frescos y nublados, me gustan también los neblinosos, es raro que se presenten en nuestra región y por lo tanto los disfruto enormemente, me invitan a pensar, me conducen a dedicarle tiempo a mi persona y volver a mi niñez, tiempos en que lo único que tenía que hacer, era ser niño.

La vida pasa demasiado aprisa cuando la queremos detener, se nos escapa de las manos cuando nos aferramos a que el tiempo se detenga, a la vida hay que dejarla fluir sin darle importancia al tiempo transcurrido y mucho menos pretender detenerlo, los años vividos son solo eso, los momentos son los que dejan huella, hay que atesorar cada uno sin juzgarlo, lo verdaderamente trascendente, es aprender y compartir las experiencias.

Los olores de casa de mis abuelos, de casa de mis Papás, la cocina y la sala de tv, el olor de mi cuarto, la majestuosidad del sauce y el aroma del eucalipto, los geranios y rosales, la frescura de las gardenias y el árbol de granada, limones frescos todo el año, el indescriptible olor a tierra mojada, los amedrentadores truenos y relámpagos durante el mes de septiembre, las tolvaneras y los grandes remolinos durante febrero y marzo.

Vacaciones “grandes” en Mazatlán, la larguísima noche de espera seguida del glorioso despertar, todos preparados y ansiosos para un increíble viaje-convivencia de diez miembros de la familia, ocho horas de juegos, diversión, angustias, miedos y mareos, algún regaño ocasional.

Detenernos en la sierra para comer, mmmmm, que aire se respira, que paisaje y frescura, un arroyo por aquí y uno más delante, llovizna, aguacero y granizo, ponte el suéter para la foto oficial en el Espinazo del Diablo y más neblina.

Comenzamos a bajar, después de estar en lo más alto de la Sierra de Durango, las curvas se vienen una tras otra provocando mareos y vómitos en algunas de las viajeras, las paradas son constantes y disfrutamos el momento que nos permite observar los increíbles paisajes.

Conforme bajas, cambia el entorno, la vegetación se vuelve más espesa y el ambiente se torna cálido y húmedo, alguien grita: ¡Ya vi el mar! La emoción se desborda, pronto estaremos disfrutando de la playa.

No hay manera de explicar la sensación al entrar al Hotel Playa, pisar la arena, el sol acariciando la piel y alguna malvada “agua mala” que da al traste con la fiesta. El mar y las olas, los castillos de arena, los cangrejos, lagartijas e iguanas, gaviotas y pelícanos, un buen día podrás ver algunos delfines, la familia, mis hermanos, la familia, mis Papás y la familia, los compadres de mis papás, los abuelos, nuestros amiguitos y la familia.

Acaba de salir el sol, sin duda, disfruté el momento, ya no soy un niño, hoy me toca dar lo que recibí y lo doy con gusto, el recordar me impulsa a compartir, en mi infancia lloré y gocé, hoy lo hago también. 


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