Sentido común

¡Qué mísero aumento!

El aumento del 3.9 por ciento al salario mínimo que acordó el consejo de representantes de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos es una burla para el pueblo mexicano en su máxima expresión y más que eso, no representa ningún beneficio para la clase trabajadora que sufre, primero para encontrar un trabajo, y segundo, para tener un sueldo digno.

Según el  manual de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, organización que decide cuánto ganarán los trabajadores en todo el país, su principal objetivo es el de fijar los salarios mínimos, tratando de asegurar en todo momento la congruencia entre los atributos que la Constitución otorga al salario mínimo, las condiciones económicas y sociales del país…; sin embargo, lo único que no tienen los 11 representantes del sector empresarial y otros 11 líderes sindicales es precisamente eso: congruencia.

No se puede hablar de congruencia cuando en el estado de Hidalgo el salario mínimo, a partir de enero del siguiente año quedará en un mísero 63.77 pesos diarios, lo que significa que a la semana un trabajador promedio ganará 446.39 pesos, que a la quincena significarán 892.78 y al mes será la desdichada cantidad de mil 785.56 pesos.

¿Esos 22 representantes sabrán cómo una familia de cuatro miembros puede sobrevivir con poco más de mil 700 pesos al mes? Seguramente quienes fijan los salarios mínimos para las diferentes regiones del país no tienen idea de lo que es un salario mínimo, pues no se me ocurre cómo alguien pueda pensar que un aumento de 2.52 pesos pueda ayudar a los trabajadores.

¿Para qué alcanzan los 2.52 pesos que aumentaron al salario mínimo? Lo único que se puede comprar con esa cantidad es un chicle o pedir dos pesos de cilantro en el mercado, que son unas cuantas ramas o un bolillo en la panadería de la esquina o de plano para completar el aumento al pasaje que se acaba de aprobar en Pachuca que fue de 50 centavos. El aumento al salario mínimo debería alcanzar por lo menos para un pasaje del transporte urbano o para un litro de leche; pero el salario mínimo cada vez es más eso, mínimo.

Pero la peor tontería sobre el salario mínimo la dijo el presidente de la organización que fija los nuevos montos, Basilio González, quien desde 1991 tomó las riendas de la Comisión, luego de su aprobación se le ocurrió la pifia de decir que “representa una decisión de contribuir a fortalecer la agenda de reformas transformadoras… y logre una actividad económica sostenida e incluyente que contribuya de manera decidida a la creación de empleos e incremente el poder adquisitivo de los mexicanos”. Hágame usted el favor.

El mísero aumento al salario mínimo no representa ningún beneficio para la clase trabajadora, ni mucho menos para el desarrollo económico de un pueblo que lo único que busca es un trabajo digno y con un salario coherente, y eso, déjeme le digo, es sentido común.

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