Sentido común

El macho no nace, lo crían

Imaginemos un mundo en donde niñas y mujeres puedan tomar sus propias decisiones y vivir en sociedades donde no exista violencia ni marginación.

Esta es la idea que destaca la ONU en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en 2015, cuyo lema es Empoderando a la Mujeres, empoderando a la humanidad: ¡Imagínalo!; sin embargo, al día de hoy, en muchos países del mundo estas palabras parecen todavía un imaginario imposible de alcanzar, ya no decir por la cultura histórica de cada lugar, sino en 2015 ya es por ignorancia.

Por lo menos en México y en nuestro estado de Hidalgo, a pesar de los esfuerzos en materia de género que se hacen todos los días para alcanzar un nivel equitativo en todas las actividades cotidianas de las personas, todavía parece muy lejano pensar que un hombre y una mujer puedan estar en el mismo rango social, debido a que el machismo, la misoginia y la discriminación son enseñanzas otorgadas desde el seno familiar, en donde los comportamientos machistas se tatúan hasta el tuétano y lo más profundo del conocimiento humano.

Entonces, cómo hacer para que los hombres y las mujeres sean cada vez más sensibles hacia el trato equitativo de las propias mujeres, quienes son el primer contacto humano y de conocimientos por la propia naturaleza de los humanos. Desde que son pequeños, niños y niñas conviven juntos sin tener una diferencia clara de género, pero al paso de los años, esta diferencia se hace cada vez más visible debido a que los niños juegan unos juegos y las niñas otros, porque así se los han inculcado. Mientras los varones juegan con pelotas, coches, luchas, muñecos de acción y aviones, las niñas desde temprana edad son relegadas a jugar con trastes y muñecas que educan a ser madres desde edades tempranas, pues contrario a la evolución en los ideales de género, ahora hasta hay muñecas que simulan ser bebés para que la niña de escasos 4 o 5 años lo cuide como si fuera su hijo. Estos conocimientos jamás se borran, quedan grabados en el inconsciente de las personas hasta el último de sus días.

Cambiar la forma de pensar de las personas adultas es un imposible, es algo que ya no puede ser por voluntad, pues los logros que se han tenido en la agenda de género no han sido por voluntad propia de las personas, sino por una clara advertencia de que si no actúan de tal manera ante una mujer o tienen un trato tal hacia ellas o incluso si se les niegan espacios de poder en la política o cualquier lugar de trabajo hay un castigo, hay una sanción… hay una condena social muy fuerte, y es por obligación, pero el problema es que al interior de estos hombres y mujeres, su conciencia les dicta lo que desde muchos años antes aprendieron: la mujer y el hombre son diferentes, situación que solo podrá revertirse con un conocimiento primigenio igualitario, en donde niños y niñas convivan sin los preceptos sociales de desigualdad, y eso, déjeme le digo, es sentido común.  

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