Sentido común

El karma de los hidalguenses

Lamentable, indigno, ignorante, por decir lo menos, es lo que ha pasado en el estado de Guerrero, particularmente con los casos de Tlatlaya e Iguala; este último, estuvo lleno de sangre de estudiantes, lo que ha provocado que los ojos del mundo hayan volteado a nuestro país, para por enésima ocasión, ser señalado como uno de los países más violentos del planeta.

El procurador de la República, Jesús Murillo, se trasladó hasta Iguala, en donde dice que él llevará la batuta en las investigaciones para encontrar a los estudiantes desaparecidos hace dos semanas, presuntamente por el gobierno municipal, a cargo hasta hace unos días de manera presencial por el alcalde perredista José Luis Abarca, en contubernio con el crimen organizado.

Murillo Karam nunca ha pasado desapercibido en Hidalgo, pues desde la leyenda urbana en la que se comenta que durante las excavaciones y construcción de la carretera panorámica que lleva de Pachuca a Real del Monte, se encontraron con centenarios de oro, lo que retrasó las construcciones más de un año. Posteriormente, al terminar su gubernatura, varias publicaciones internacionales lo ubicaban como uno de los hombres más adinerados de América Latina, aunque a nadie se le ocurrió hacer una investigación por el supuesto enriquecimiento ilícito al que se le vinculaba. Ahora es a él a quien le toca no dejar impunes estos crímenes en Guerrero.

Otro hidalguense que no está exento de las rebeliones estudiantiles es precisamente Miguel Ángel Osorio, actual secretario de Gobernación y mano derecha del presidente Enrique Peña Nieto, quien en el año 2000, cuando fungía como secretario de gobierno de Hidalgo, durante la administración de Manuel Ángel Núñez, operaron la ocupación de la policía estatal de la escuela normal rural de El Mexe y en la madrugada del sábado 19 de febrero del citado año desalojaron la escuela que era resguardada por los estudiantes.

Ese día fue uno de los más violentos de la historia hidalguense, pues fueron detenidos más de 900 estudiantes y las autoridades tomaron por asalto las instalaciones de la histórica escuela que formaba maestros rurales. El problema fue que Núñez y Osorio no se esperaban que la comunidad de Tepatepec y en general del municipio de Francisco I. Madero y otros lares se levantaran en armas en favor de los estudiantes reprimidos por la policía y lograron detener y desarmar a casi un centenar de policías. Al final todo terminó (además de muchos heridos, patrullas quemadas y demás) en un intercambio de policías por estudiantes.

A Osorio Chong se le vuelve a presentar la historia. Aunque se ha vinculado a los líderes del movimiento politécnico con la política de “izquierda”, la academia en sí misma nada tiene que ver con la política y es ahí donde el secretario de Gobernación debe poner énfasis, porque mientras no se cumplan los estándares académicos requeridos, las historias de rebeliones se seguirán repitiendo y eso, déjeme le digo, es sentido común.

 

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