Sentido común

Las falsas ilusiones son a corto plazo

El viernes pasado ya lo dijo el propio gobernador Francisco Olvera: el aeropuerto para Hidalgo cada día se ve más lejos. Y no es para menos. Nuestro estado todavía es muy pequeño en materia económica y en cuestión de infraestructura como para albergar un gran complejo aéreo, que tiene necesidades mucho más grandes de lo que podamos llegar a pensar. Y no es que el gobierno no pueda en determinado momento comenzar a construir infraestructura que permita tener una vocación de negocios para el centro del país, sino que al momento, en la situación que se encuentra Hidalgo no hay manera de traer un mega proyecto de esa magnitud a sabiendas que el gobierno está endeudado por los terrenos de la refinería y los que compró en el Altiplano para albergar más empresas.

El ejemplo más sencillo y claro de porqué Hidalgo no está preparado para traer grandes inversiones con proyectos complejos lo acaban de dar los alemanes de la BMW. Simplemente no asentaron en Hidalgo porque no tiene la conectividad que se necesita para esa planta armadora: precisamente no hay un aeropuerto, la infraestructura carretera es muy deficiente, con excepción del Arco Norte, construido en el gobierno de Felipe Calderón; tampoco hay las condiciones de un verdadero parque industrial en donde haya todas las facilidades, desde servicios básicos hasta conectividad con otros estados.

A pesar de los intentos por contar con un aeropuerto para Hidalgo durante las últimas cuatro administraciones estatales, parece que esta terminará sin cumplir el objetivo del gobernador Olvera y del propio presidente de la República, Enrique Peña, quienes en su momento, prometieron velar por algún proyecto aeroportuario. Pero una cosa son las palabras y otra muy diferente los hechos que se pueden traducir en beneficios.

Hidalgo necesita empezar de a poco, sin apresurarse ni avorazarse, las autoridades deben tener en cuenta que Hidalgo por sus condiciones sociales y económicas no puede competir con estados más avanzados en materia económica. Tiene que ir convenciendo a empresarios pequeños para que se asienten en el estado, para poco a poco generar empleo, y así ir formando una infraestructura para que dentro de un mediano o largo plazo entonces sí, con todas las condiciones dadas y las facilidades disponibles, pensar en grandes proyectos que traigan prosperidad para los habitantes.

Entiendo que los gobernadores siempre quieren hacer una mega obra por la cual sean recordados por la ciudadanía; sin embargo, considero que la mejor herencia que puede dejar un mandatario estatal son los cimientos de un verdadero desarrollo económico, trazarse metas que obligue a sus sucesores continuarlas hasta verlas concluidas. No será tarea de uno solo, sino de varias personas que tengan la visión a futuro y no solo que velen por su nombre y su futuro político. Y para eso, lo único que se necesita es voluntad, y eso, déjeme le digo, es sentido común.

 

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