Sentido común

Seguiremos hablando de ustedes

Durante esta semana se han dado a conocer las prebendas que recibirán los funcionarios de la administración federal con motivo del pago de aguinaldos durante el último mes del año, y como no quieren que se hable de ellos si los beneficios que recibirán son, digamos, muy altos, excesivos y hasta groseros.

Por su puesto que los grandes salarios que se aprueban en la administración pública no están excentos de nuestros ilustres funcionarios hidalguenses, quienes también tendrán percepciones millonarias gracias al puesto en el que trabajan.

Por ejemplo, Agustín Carstens, el gobernador del Banco de México recibirá la nada despreciable cantidad de 886 mil pesos, sólo por concepto de aguinaldo, que sumada a otras prestaciones y su sueldo, sólo durante el mes de diciembre el funcionario federal tendrá percepciones por más de un millón de pesos, mientras que la población en general recibirá de aguinaldo, sueldo y prestaciones, si bien le va, entre 0.5 y el 1 por ciento de lo que equivale a la dieta del señor Carstens.

Cómo no quieren que se hable de los funcionarios si un diputado federal tendrá, aparte de su sueldo, un aguinaldo de casi 200 mil pesos, cantidad que para sus representados es con lo que podría subsistir durante todo un año. Cómo no quieren que se hable de ellos si mientras todavía hay afectados por los recientes huracanes y quienes reciben apenas unas migajas de comida todos los días y siguen viviendo en albergues, los senadores se regodean entre la opulencia presumiendo un aguinaldo de 234 mil pesos, cantidad con la que una de esas familias podría hacer maravillas todo un año.

Por su puesto que a los funcionarios estatales o federales les importa un comino la crítica social que se hace de ellos, pues aseguran que se lo han ganado, o que ya les tocaba, o que es porque siempre han estado con su partido y es un premio, o que empezaron desde abajo, o mejor aún, que se lo merecen.

Sin embargo, habría que saber bajo qué términos de evaluación puede alguien decir que se merece tanto dinero por su trabajo, cuando en realidad lo único que hacen es llamar por teléfono, comer con sus colegas y presentarse en eventos públicos o peor aún, darse un baño de pueblo de vez en cuando con sus representados y llevarles regalitos pobres para que vean que sí cumplen.

Los altos salarios y aguinaldos de los funcionarios representan no sólo la burla hacia el pueblo de México, pues no se puede concebir simplemente cómo en un país pueden coexistir el hombre más adinerado del planeta y el más pobre también, el indígena, el indigente que busca un pan todos los días. Simplemente es inconcebible, anti ético y anti inmoral. Y mientras no haya voluntad política de quienes llenan sus bolsillos de dinero para hacer un México más equilibrado, seguiremos hablando de ellos, y eso, déjeme le digo, es sentido común.

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