Sentido común

Embarazos y pobreza van de la mano

El embarazo adolescente sigue siendo uno de los mayores problemas sociales en cada comunidad, ciudad y estado de nuestro país y hasta el momento ninguna autoridad, a pesar de los esfuerzos, ha podido contrarrestar este mal de salud pública que no solo afecta a quienes son directamente responsables de un embarazo, sino también a sus familias y al sector Salud, que se hace cada vez más deficiente dada la gran cantidad de servicios que son requeridos todos los días.

El viernes, el presidente Enrique Peña Nieto anunció la Estrategia Nacional de Prevención del Embarazo en Adolescentes, que no es otra cosa que una serie de lineamientos a seguir para reducir en 2030 a la mitad la cifra de embarazos en este sector de la sociedad que en 2012 alcanzó al 19.4 por ciento de las jóvenes del país entre los 15 y 19 años; y erradicar por completo, para ese mismo año los embarazos en jóvenes de 10 a 14 años.

Dicha estrategia está basada en ocho ejes rectores y 90 “líneas de acción” que comprenden la educación desde casa y en la escuela, la inclusión de padres de familia, profesores y personal de salud para enseñar que un embarazo debe ser planeado, cuidado de la salud reproductiva, llevar un control científico de los datos que se vayan recolectando conforme avance la estrategia, entre otros puntos similares entre sí; sin embargo, llama mucho la atención que en ninguno de los ejes rectores ni las “líneas de acción” se hable de erradicar, o por lo menos combatir la pobreza, que es una de las principales razones para que los y las jóvenes procreen sin medir las consecuencias que conlleva la crianza de uno o más hijos.

Las cifras en nuestro estado no distan mucho de las nacionales, incluso en algunos municipios son más que alarmantes, como en Acaxochitlán, donde según el Inegi, durante 2014 este municipio alcanzó la cifra récord de ¡68 por ciento! de mujeres embarazadas de entre 15 y 19 años, lo que exhibe la nula capacidad del sector Salud estatal para implementar estrategias que combatan este mal público.

¿Cómo se pretende que una adolescente en edad escolar, de una comunidad alejada que a duras penas ha cursado la primaria o secundaria entienda las líneas de acción que anunció el Presidente?, cuando en el estado hay miles de adolescentes que son obligadas por sus padres y su situación económica a trabajar desde edades tempranas o casarse para dejar de ser una carga económica para los padres, que son los primeros en inculcar al matrimonio de sus hijas apenas cumplen los 15 años.

Un embarazo adolescente no se previene desde ilusorios documentos firmados por funcionarios, se previene con acciones reales para primero erradicar la pobreza en las comunidades, construir escuelas donde haya maestros más preparados y una sociedad más abierta y menos represora, porque mientras las cifras de pobreza sigan al alza, los embarazos tomarán la misma tendencia; y eso, déjeme le digo, es sentido común.

 

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