Sentido común

Día de Muertos, una cara tradición

La fiesta, celebración y ofrenda que se hace a los muertos durante tres días se ha convertido poco a poco en un lujo que no todos se pueden dar, sobre todo en las zonas pobres del estado como la Sierra y la Huasteca, principalmente, en donde esta tradición es la más arraigada, más que la Semana Santa, más que Navidad (esta festividad prácticamente es inexistente en la mayoría de las comunidades) y más que la propia fiesta patronal de cada  lugar. Vamos, para celebrar el Día de Muertos en algunas partes del estado, la gente se desvive, ahorra todo el dinero que puede durante todo un año y se siente muy feliz de otorgar a sus fieles difuntos lo que en vida les gustaba de comida, bebida y dulces.

Para la mayoría de las personas que habitan las zonas más pobres del estado, hacer un pequeño altar, con unos pocos panes, alguna bebida de maíz como atole, tamales sencillos (de frijol) y flores de cempasúchil y de otras variedades típicas de la celebración, representa un fuerte gasto que debido al encarecimiento de los ingredientes y flores de temporada resulta muy difícil seguir las tradiciones; sin embargo, la gente, a pesar de la pobreza que invade sus vidas, hace hasta lo imposible por montar un altar y ofrecer alimentos, eso sin dejar de mencionar las veladoras o ceras, que en muchos de los casos es la propia gente que elabora estos productos en casa debido a los caro que es comprar por montones, sobre todo si se tienen muchos difuntos a quien recordar, pues la tradición dicta que se debe encender una vela por cada miembro de la familia que se ha adelantado.

En este estado, como en todo el país, para todos hay productos, caros y baratos, pues uno puede montar un pequeño altar con 200 pesos, incluyendo unos dos o tres velas, algún pan, un refresco o cerveza, adornos típicos, algunas frutas y unas pocas flores; sin embargo, hay familias que gastan hasta cinco o diez mil pesos para hacer imponentes altares de varios pisos, una cazuela gigante de mole rojo y otra de mole verde, tamales, varios guisos, atoles de por lo menos tres sabores, muchos kilos de variadas frutas, botellas de vino, cervezas, cigarros, refrescos, docenas de panes, matan guajolotes y pollos para acompañar los moles y hay hasta quien en la extravagancia de la celebración llega hacer hasta barbacoa de borrego, lo que dista mucho de la pobreza en que se lleva a cabo la fiesta en otros lugares.

Sin duda, la celebración por Día de Muertos depende del bolsillo de cada familia, pero eso sí, la tradición, la celebración y el recordatorio de los fieles difuntos a quienes se espera con ansia durante estos tres días es una situación social que seguirá perdurando mientras los más grandes en las familias enseñen a las nuevas generaciones a que la muerte es parte de la vida y que en México se celebra porque se pasa a otro plano que los permanecemos aquí no podemos ver, pero que esperamos algún día llegar a ese momento.

 

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