Sentido común

Adiós, Sergio

Conocí a Sergio un 8 de marzo, de hace varios años, en el monumento a la mujer, justo detrás de la preparatoria número uno, en Pachuca. Aunque ya lo había visto en ocasiones anteriores, fue hasta ese día que entablamos un plática; mientras nuestras respectivas parejas hacían su trabajo periodístico por el día de la mujer, Sergio y yo, aburridos de los discursos de funcionarios, comenzamos a dialogar sobre el periodismo hidalguense, que si está corrompido, que si está comprado o está vendido o apenas comienza a desarrollarse; platicamos también del clima, que estaba muy caluroso, de nuestros actuales y anteriores empleos; de nuestras novias y de la universidad, de los compañeros que conocíamos en común. Platicamos de todo y nada.

Ese día se presentó como Sergio Lozada. Me dijo que había leído mis columnas y que le parecían buenas. Después de un buen tiempo no lo volví a ver hasta que un día en la redacción de MILENIO Hidalgo llegó como el nuevo reportero de la sección de Cultura, recomendado por el editor y reportero en ese entonces, Diego Castillo, quien era uno de sus mejores amigos.

A Sergio le quedaba muy bien el papel de reportero de Cultura. Siempre con la duda sobre todas las cosas que rodeaban la parafernalia burocrática que encerraba el ramo cultural en Hidalgo y de cómo la cultura que en sí misma debe ser un concepto muy abierto, se quedaba encerrada dentro de unas cuantas cabezas y en una que otra oficina. A veces, en la redacción, entablábamos algunas discusiones sobre política, lucha libre o comida; él siempre con argumentos certeros y hasta divertidos. Esa era la actitud de Sergio ante la vida. Divertida y certera.

No sé en qué momento todo se fue al carajo, pero antes de todo eso, era pura vida la que Sergio tenía por dentro y mostraba hacia los demás. Durante todo su proceso, siempre lo vi con una sonrisa, motivado, sin dejarse caer. Cuando saludaba de mano lo hacía con entereza, fuerte y siempre con la mirada de frente. Pese a sus frías y delgadas manos; pese a su mirada hueca y pequeña, pese a que conocía su destino.

Aunque tal vez no lo conocí tanto como quienes convivían casi todos los días con él, Sergio siempre será recordado, por lo menos en la redacción como un buen periodista, que le gustaba saciarse sus ganas de leer, de siempre saber más de todo, de conocer más personas, más lugares y sobre todo de ser mejor persona. Sergio siempre fue buena persona.

Sergio se va de nosotros para siempre, pero más de su novia Tania, a quien desde que conozco siempre he admirado y respetado. En mi mente y mi corazón, Sergio siempre será recordado como un excelente periodista, un buen amigo y mejor persona, porque no hay mejor legado en este mundo que de quien te recuerda con honor. Adiós para siempre.

 

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