La semana 39

Hay semanas del año que salen de la normalidad estadística o perceptiva. No son propiamente emblemáticas, sino sintomáticas. Algo anuncian, algo informan, algo dicen.

Inició el lunes 22 de septiembre con el secuestro y asesinato del diputado federal del PRI Gabriel Gómez Michel y su asistente Heriberto Núñez Ramos, y concluyó el domingo 28 con la ejecución del secretario general del PAN en el estado de Guerrero, Braulio Zaragoza Maganda.

En el intermedio, la escala subió de tono: la Cámara de Diputados solicitó formal pero sigilosamente a la PGR seguridad personal para un diputado de izquierda que fue extorsionado y amenazado de muerte por un grupo delincuencial en Michoacán; la prensa internacional y nacional documentaron testimonial y gráficamente la ejecución extrajudicial colectiva (masacre) de 22 civiles detenidos en una bodega del municipio de Tlatlaya por parte de un batallón del Ejército mexicano, y por la cual la Sedena detuvo a 8 militares; 25 mil estudiantes del Politécnico marcharon contra un nuevo reglamento interno que amenaza su seguridad educativa, convocados a través de las redes sociales; en Iguala, el viernes por la noche y sábado en la madrugada, policías municipales y civiles armados, en acciones diferentes, acribillaron a estudiantes normalistas de Ayotzinapa y a futbolistas del equipo Avispones de Chilpancingo, con saldo de seis muertos y 57 estudiantes desaparecidos. Por si fuera poco, el “superpeso” se devaluó en dos días lo de dos años.

Lo acontecido en Iguala fue tan grave que el presidente Enrique Peña Nieto se vio obligado a cancelar una gira por el estado de Guerrero, argumentando la inseguridad que priva en el estado. Antes, al inicio de año, se vio obligado a hacer lo mismo en Tamaulipas. Mientras en 2013 canceló en tres ocasiones una gira por Michoacán, al tiempo que Oaxaca registra cero visitas en dos años.

El viernes, en la Cámara de Diputados, el secretario Miguel Ángel Osorio Chong buscaba convencer que la violencia va a la baja, con cifras y estadísticas duras, reales. Un 34% menos de ejecuciones, una focalización de la violencia en ciertas regiones del país, un mayor número de cabezas de cárteles detenidos. Pero el balance de la semana 39 y la cancelación misma de la gira por Guerrero dejan sin efecto la estadística. Tendencias numéricas reblandecidas por la percepción cotidiana de que las cosas no marchan bien, de que la inseguridad no solo golpea a los ciudadanos de a pie, sino también “a los poderosos”, a los políticos, a los empresarios, a los diputados, a los de arriba.

Esa sensación de vulnerabilidad y fragilidad colectivas se recrudece porque cada día las personas nos enteramos que un familiar, un vecino, un compañero de oficina, de escuela o en la misma colonia o barrio fue víctima o testigo de un atraco, una extorsión telefónica, un secuestro o un cobro de impuesto “por trabajar”. La inseguridad parece estar mutando: sí están bajando las ejecuciones en la vía pública, pero también están aumentando las fosas clandestinas y el resto de delitos de alto impacto.

Dos ejemplos. MILENIO Tamaulipas, en su portada principal de ayer alertaba: “Reportan extorsión 15 colegios del sur; consejo empresarial de Madero afirma que escuelas adheridas han recibido mínimo una llamada”. Mientras que los comerciantes ambulantes de diversos puntos del Valle de México, asolados por el “cobro de piso” de presuntos integrantes de La Familia michoacana o de Los Zetas ahora advierten de una nueva amenaza económica: “El SATánico nos quiere cobrar por trabajar”.

Hay semanas del año que salen de la normalidad estadística o perceptiva. No son propiamente emblemáticas, sino sintomáticas. Algo anuncian, algo informan, algo dicen. Si algún color las definiera, ese sería el negro, la ausencia de color. El gobierno de Salinas tuvo al menos tres semanas negras al final, en 1994 (EZLN, Colosio, Ruiz Massieu). Zedillo la tuvo en la cuarta semana de su gobierno (la megadevaluación del 28 de diciembre). Fox se topó con aquel septiembre de 2001, cuando el ataque a las Torres Gemelas de NY le echó abajo su propuesta de plan migratorio, y aquella semana cuando el PRI y el PRD en San Lázaro le echaron abajo el IVA “copeteado”. Calderón, por su parte, tuvo varias a lo largo de sexenio, todas marcadas por la desgracia y la inseguridad (Mouriño, Blake, influenza, casino Royale, Tres Marías).

La semana 39 saltó como una liebre negra en un campo de golf. Ojalá sea la única y no el anuncio de una conejera.

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