Estado inercial

La elección intermedia será inevitablemente un referendo sobre las reformas. Si el estado inercial continúa, el PRI se puede ir despidiendo.

Inercia es el término que mejor define la situación que vive el país en este momento. “Es la propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de reposo o movimiento, mientras la fuerza sea igual a cero… Se dice que un sistema tiene más inercia cuando resulta más difícil lograr un cambio en el estado físico del mismo”.

Las reformas del año pasado buscaron poner a México en movimiento. Una apuesta legítima, en función de la semiparálisis de los 15 años precedentes. Pero la dirección y el sentido de ese movimiento han generado una resistencia mayor a lo calculado.

Una de las fuentes de resistencia al cambio proviene del mismo gobierno. Las reformas educativa y de telecomunicaciones van en sentido inverso al propósito constitucional manifiesto.

34 mil plazas han sido basificadas en 12 estados sin pasar por el concurso que marca la nueva ley, mientras que seis estados han sido demandados ante la SCJN para ajustar sus leyes locales al nuevo marco constitucional educativo.

Las telecomunicaciones siguen en su estado anterior a la reforma, por una iniciativa de ley reglamentaria que va en sentido contrario a las nuevas disposiciones constitucionales, lo que ha impedido a los usuarios disfrutar de los supuestos beneficios de la misma: mejores servicios a precios más bajos.

Otra fuente de resistencia al cambio que mantiene al presunto impulso reformador en fuerza cero, o casi cero, es la economía. La reforma fiscal vino a ser una soga al cuello de pymes y contribuyentes, que ha hecho perder impulso a un tradicionalmente vulnerable mercado interno. Por primera vez en 22 años, la tienda líder en el mercado detallista, Walmart, reportó pérdidas. Mientras que las caídas en el primer trimestre de este año de las principales empresas que cotizan en la Bolsa, llevaron a la BMV a tener el tercer peor desempeño en América Latina.

Por más que el gobierno acelera el gasto público, por más que un sector muy focalizado de la economía (autos y electrónicos) muestra signos de recuperación, el resto del tren no camina, entre otros motivos, porque la locomotora central, EUA, sigue a baja velocidad. Y los miles de empleos de la reforma laboral, siguen sin verse. Mientras que el paquete de reformas económicas del año pasado, lejos de ahuyentar el fantasma de la recesión con inflación y desempleo, parece haberlo invocado.

La política es la tercera fuente del estado inercial que vive el país. El Congreso tiene indigestión legislativa por cientos de leyes reglamentarias que debe dictaminar en plazo perentorio, mientras que la renovación de la dirigencia del PAN ha puesto un freno al proceso legislativo mismo, además de encarecer su voto a favor de las leyes energéticas: reforma electoral por petróleo, donde la frontera entre la negociación y el chantaje se diluye.

Por último, la inseguridad. Fue un tema incómodo, minimizado y hasta negado todo el año pasado. No hubo espacio para él en la agenda de reformas del Pacto por México. Pero la realidad se encargó de traerlo a la mesa. Si no es Michoacán, es Tamaulipas, Guerrero o Sinaloa. Uno de cada cuatro mexicanos ha sido víctima de la delincuencia en el último año, según un sondeo del Colegio de México, donde 57% respondió haber sido víctima de robo, la mayor parte de ellos en la vía pública.

Las reformas han puesto en movimiento a México, pero sobre una banda fija y una escaladora virtual. Se suda, se queman calorías y se estira el músculo, pero sin avanzar.

El estado inercial no puede prolongarse indefinidamente. El gobierno tiene prisa por romperlo, apostando todo su resto a las leyes energéticas. Pero mediante contrarreformas o autogoles, como lo sucedido en el campo educativo, en las telecomunicaciones, en lo fiscal y en lo laboral, difícilmente lo logrará.

La elección intermedia del próximo año terminará siendo inevitablemente un referendo sobre las reformas. Si el estado inercial continúa, el PRI se puede ir despidiendo de su primera minoría en la Cámara de Diputados y su preeminencia en algunos estados. Pero nada garantiza que lo siguiente sea lo mejor para el país. Más bien podría ser una inercia o un retroceso mayores. La moneda está en el aire y no caerá de canto.

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