Nuestros impuestos vuelan

Los presidentes de Uruguay, Costa Rica, Nicaragua y República Dominicana no disponen de avión oficial para sus traslados.

Una de las decisiones que el actual gobierno no revisó del anterior es la compra de un avión presidencial (Boeing 787-8 Dreamliner), con un costo de 7 mil 520 millones de pesos (569 mdd), pagaderos a 25 años. A ello hay que agregar mil millones de pesos para remodelar el hangar que habrá de albergarlo.

Hablamos del presupuesto del estado de Colima en 2013. Del pago de un mes de la nueva pensión universal para 7 millones 802 mil adultos mayores. De 285 escuelas preparatorias para 900 alumnos, en una superficie de 4 mil 500 metros cuadrados.

El nuevo avión presidencial, que deberá ser entregado a finales del presente año, debidamente acondicionado y equipado con lo último en tecnología y confort, para evitar las molestas escalas técnicas y reducir los efectos del jetlag, es un claro ejemplo del destino que tendrán los nuevos impuestos y la deuda pública que está creciendo aceleradamente. Impuestos y deuda para financiar gasto suntuario del gobierno. Es la fórmula del populismo lopezportillesco.

En cuanto aterrice el nuevo aparato, el gobierno de México entrará al selecto club de gobiernos ricos con empresas fiscalmente ahorcadas y ciudadanos pobres. De hecho, será el avión presidencial más caro del mundo, incluido el Air Force One de Estados Unidos, valuado en 300 mdd o el de Vladimir Putin, con sus emblemas y chapas de oro macizo valorado en 250 mdd. El nuevo TP01 de México será la envidia de varios mandatarios del mundo árabe, asiático, africano y latinoamericano. Revisemos la lista.

Hosni Mubark, de Egipto, donde el PIB per cápita es 5 mil 400 dólares, se movía en un Airbus A340, de 200 millones de dólares.

El segundo lugar lo tenía Muamar Gadafi, de Libia, con un PIB per cápita de 13 mil 100 dólares, disponía también de un Airbus A340, de 190 millones de dólares.

En tercer lugar, Gurbanguly Berdimujamedov, de Turkistán, donde el PIB per cápita es de 9 mil 200 dólares anuales, su Boeing 767 está valuado en 170 mdd.

El cuarto lugar lo tiene Nursultan Nazarbeyev, de Kazajistán, con un PIB per cápita de 10 mil 400 usd anuales, y un Boeing 757 de 120 mdd.

Después vienen los mandatarios de medio pelo, cuyos aviones cuestan solo dos dígitos. Umaru Yar’Adua, de Nigeria, con un PIB per cápita de 2 mil 200 usd al año, su Boeing 737 BBJ, vale 70 mdd.

Su vecino Teodoro Obiang, de Guinea Oriental, no se quedó atrás. Con un PIB per cápita de 12 mil 800 usd, tiene un Boeing 737 BBJ del mismo costo, 70 mdd.

Joseph kabila, de la República Democrática del Congo, donde el PIB per cápita es de 3 mil 700 usd anual, el Boeing 727 que lo desplaza se cotiza en 55 mdd.

Idris Deby, presidente de Chad, con un PIB per cápita anual de mil 600 usd, su Gulfstream II cotiza los 25 mdd (Rafael Salas, “País pobre, avión de rico”, La Vanguardia).

En América Latina, los aviones presidenciales se mueven en rangos de tres y dos dígitos. El más caro es el de la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, un Boeing 757-200, que con adaptaciones y equipo ronda los 200 mdd.

Nicolás Maduro, de Venezuela, con un PIB per cápita de 12 mil 800 usd, su Airbus A319 ACJ está valuado en 66 mdd. Mientras que Raúl Castro, presidente de Cuba, donde el PIB per cápita es de 4 mil 500 usd al año, se mueve en un Ilyushin IL-96, de 60 mdd.

El avión de la presidenta de Brasil (donde el PIB per cápita es superior al de México), Dilma Rousseff, utiliza un Airbus A319, cuyo costo fue de 57 mdd en 2005. Mientras que Evo Morales, de Bolivia, el Falcon 900 que lo mueve tiene un valor de mercado de 35 mdd.

Los presidentes de Uruguay, Costa Rica, Nicaragua y República Dominicana no disponen de avión oficial para sus traslados, realizando la mayor parte de sus recorridos internacionales en vuelos comerciales.

El costo de operación del actual TP01 es de 23 mil 877 usd por hora. Incluye pilotos, combustible, mantenimiento y depreciación. El nuevo gadget aéreo tendrá casi el doble de costo de operación, sobre los 45 mil usd por hora.

Si consideramos que el promedio de viajes internacionales en la actual administración es uno cada tres semanas, con un promedio de 3.5 días de duración, y 48 horas efectivas de vuelo, vaya usted haciendo cálculos y anotando en qué y cómo se gastarán los nuevos impuestos y la creciente deuda pública.

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