El cuento de los pasivos laborales

El rescate se hace de manera preliminar para emprender dos medidas posteriores: bursatilizar los activos de Pemex y CFE y, después, proceder a vender todo o en partes. Ese es el final del cuento.

Qué cara está saliendo la reforma energética. Parece un cuento de terror económico.

Aún no recibimos los mexicanos uno solo de los presuntos beneficios, como luz, gas y gasolinas baratas, pero a partir del próximo año ya pagaremos entre todos su primer vicio oculto: los pasivos laborales de Pemex y CFE.

El argumento de que estos pasivos no impactarán ni el presupuesto ni la deuda pública, porque desde siempre se han pagado con recursos de los contribuyentes, y simplemente cambiará la caja de origen y el cajón de destino contable, son dignas para un premio Nobel de “contabilidad pública creativa”, esa que hundió a Grecia y a media docena de economías europeas en la peor crisis de su historia.

Ahora resulta que los 2 billones de pesos que representan esos pasivos, al integrarse como compromiso de pago en los presupuestos de la Federación de los próximos años no se traducen en una presión adicional para las finanzas públicas. Como tampoco lo representa el billón de pesos con que se ha endeudado el actual gobierno en los primeros 17 meses de su gestión.

A partir de la próxima semana, la deuda pública total del gobierno mexicano será de casi 8 billones de pesos, 3 de los cuales, 60 por ciento, será responsabilidad directa de la actual administración.

Pero el endeudamiento y el incremento del déficit público no es el único vicio oculto de la reforma energética. Hay uno de injusticia estructural, en el tema del rescate de los pasivos laborales. ¿Por qué un trabajador del campo, un obrero de industria, una ama de casa, un estudiante, un empresario de la construcción, un comerciante ambulante, cuyo único vínculo con Pemex y CFE es la energía cara y mala que reciben como consumidores, deberán costear ahora las pensiones y jubilaciones de los trabajadores de ese sector?

Si casi la mitad de la población en edad de trabajar no tiene siquiera asegurada una jubilación formal o carece de una cuenta individual de retiro, ¿por qué deberá cubrir ahora a través de los impuestos directos e indirectos una pensión para los trabajadores de Pemex y la CFE?

Qué bueno que los trabajadores petroleros y electricistas ya encontraron quien cuide y garantice para ellos y sus familias una pensión de retiro. Qué malo que sea con cargo al resto de la población que ni siquiera tiene la esperanza de contar con un retiro digno. 

Con la reforma de pensiones de 1997, que dio paso a las Afores, se estableció un principio fiscal: los fondos de retiro son responsabilidad de patrones, gobierno y trabajadores beneficiarios, no de los ciudadanos en general. Se procedió entonces a cancelar el sistema de pensiones abiertas y universales, con cargo exclusivo al erario.

Hoy, con la propuesta de asumir como deuda pública los pasivos laborales del sector energético, se está revirtiendo ese principio y, para efectos prácticos, se está regresando al esquema de fondear pensiones con cargo a las finanzas públicas, es decir, con cargo a los fondos fiscales pagados por todos los contribuyentes.

El camino emprendido sentará de manera inevitable un precedente para el resto de los trabajadores del sector público, llámese Federación, estados, municipios, universidades, organismos autónomos, desconcentrados y descentralizados. Ellos también podrán exigir ahora su salvamento y rescate fiscal. Hablamos de más de 100 sistemas de retiro, con pasivos pensionarios consolidados, que en 2010 sumaban 14.4 billones de pesos, 104 por ciento del PIB de ese año (Pedro Vásquez Colmenares, Pensiones en México, la próxima crisis). Tanto derecho a garantizar su retiro laboral tienen los trabajadores de Pemex y CFE, como el resto de los trabajadores del sector público, en los tres órdenes de gobierno.

Ahora bien, vayamos al trasfondo de esta medida. ¿Por qué el gobierno rescata el pasivo laboral de Pemex y CFE? ¿Por amor a los trabajadores y su futuro?

Por supuesto que no. Este rescate lo hace de manera preliminar para emprender dos medidas posteriores: primero, bursatilizar los activos de Pemex y CFE; después, proceder a vender sus instalaciones, todo o en partes, como lo han hecho históricamente los privatizadores de los bienes nacionales. Ese es el final del cuento llamado “rescate de pasivos laborales de Pemex y CFE”. ¿Quieren que se los cuente otra vez?

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