“¿Por qué no nos consultaste?”

Y la pregunta de muchos mexicanos se volvió el reclamo de un joven. Desde el fondo del salón Tesorería de Palacio Nacional, Daniel Vázquez Aguilar interpeló al mandatario Peña Nieto, mientras pronunciaba su discurso en la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública: "¿Por qué no nos pediste la opinión sobre la reforma energética?".

La pregunta de Daniel Vázquez ya quedó incrustada en el decreto presidencial que promulga la reforma energética privatizadora y acompañará a esta administración cada vez que la ciudadanía exija cuentas del uso y destino del principal recurso energético natural del país.

Siguiendo la línea argumentativa del joven Daniel, si la reforma es tan bondadosa y generosa para el país, ¿por qué no nos consultaron?

Si habrá miles de empleos bien pagados para millones de mexicanos, ¿por qué no nos pidieron nuestra opinión?

Si con esta reforma bajarán de precio la luz, el gas y las gasolinas, "¿por qué no nos consultaste" y nos permitiste apoyar con nuestro voto tan noble y piadosa medida?

Si el petróleo es de todos los mexicanos, ¿por qué la Nación mexicana, propietaria original de los recursos del subsuelo desde el siglo XIX, no pudo emitir su opinión a través del método más civilizado, democrático y moderno, que es una consulta nacional? ¿Acaso los mexicanos seguimos siendo menores de edad, inmaduros e incapaces de asumir nuestras propias decisiones como lo suponía el despotismo ilustrado de los Borbones de España, el cientificismo de Porfirio Díaz o la tecnocracia salinista del TLCAN?

Si ya es tiempo de romper con tabúes y dogmas del pasado, como el nacionalismo y la soberanía, "¿por qué no nos pediste la opinión" para validar por nosotros mismos los nuevos paradigmas salvadores de la Patria como son la privatización y la integración energética continental?

Si América del Norte está destinada a ser la nueva Arabia Saudita del nuevo orden energético mundial, y el Golfo de México el nuevo Golfo Pérsico, ¿qué nos garantiza que México no se consolide como la Yemen del Sur de ese presunto oasis de energía abundante y barata, con su cleptocracia política, sus convulsiones sociales, sus guerrillas endémicas y su secular desigualdad social?

"¿Por qué no nos consultaste", si se supone que la mayoría calificada de legisladores representantes de la Nación que aprobaron la reforma energética debe estar plenamente correspondida con una mayoría apabullante de ciudadanos a favor de la misma? ¿O acaso hay una crisis de representación entre lo que hace la mayoría en el Congreso y lo que piensa la mayoría de los ciudadanos en la calle?

"¿Por qué no nos pediste la opinión", si en ninguno de los programas de campaña, ni en las promesas firmadas ante notario público ni en los compromisos tripartidistas del llamado Pacto por México se habló de contratos de utilidad o producción compartida, de servicios ni, mucho menos, de licencias petroleras? Es de sabios cambiar de opinión, pero es de estadistas acompañar esos cambios con el aval ciudadano.

"¿Por qué no nos pediste nuestro punto de vista", aunque fuera a la Poncio Pilatos, para hacer de la consulta ciudadana un lavatorio de manos y salvar el juicio de la historia en el altamente probable caso de que la reforma energética termine en un atropello histórico contra todo un pueblo?

¿Por qué no nos consultaron y, en cambio, sí se le dio ese privilegio a la prensa financiera internacional que en todo momento trajo las coordenadas exactas y el contenido preciso de una reforma que en todo momento fue descrita sin ambages como privatizadora, mientras aquí se negaba todo, letra por letra y párrafo por párrafo?

¿Por qué no nos pidieron nuestra opinión, si en cualquier empresa pública o privada la disposición de activos fundamentales o bienes patrimoniales no es facultado discrecional de los directivos, sino que requiere el voto aprobatorio mayoritario de los accionistas? Y en el caso de bienes patrimoniales nacionales, los accionistas somos todos los mexicanos con derechos ciudadanos a salvo.

"¿Por qué no nos preguntaste", si la consulta ya no es el privilegio discrecional de un gobernante, sino la obligación imperativa de una autoridad constituida, con mandato constitucional delegado?

Porque el reclamo del joven Daniel Vázquez es el de millones de mexicanos, su dardo verbal certero acompañará toda la vigencia del decreto privatizador que le cambiará y transfigurará el rostro a México.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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