Urgencia michoacana

Todo indica que el gobierno mexicano está urgido y presionado por acreditar resultados en Michoacán antes del 19 de febrero próximo.

Después de 13 meses de una política deliberada y sistemática para remitir a un segundo plano el tema de la inseguridad pública, tanto en el discurso oficial como en la agenda del gobierno federal y hasta en el mismo Pacto por México (de las 10 reformas “estructurales” promovidas por esta instancia ninguna estuvo dedicada a la inseguridad), hoy el problema irrumpe nuevamente en las prioridades públicas.

Se focaliza en Michoacán y, de manera notable, en el tema de las autodefensas.

La aparición de policías comunitarias y grupos de autodefensa ha marcado el primer tramo del actual gobierno. De ser un fenómeno aislado y centrado en algunas regiones del país, al día de hoy 11 entidades registran este fenómeno y tienen más de media centena de estos grupos en actividad regular. De acuerdo a la CNDH, las principales entidades son Guerrero, Michoacán, Oaxaca y el Estado de México.

Durante un año se siguió una política de “laissez faire, laissez passer”, o hacerse de la vista gorda, frente a las autodefensas. Se dio la impresión de que era la nueva estrategia gubernamental para enfrentar a los grupos delincuenciales, a fin de evitar que el Ejército y la Marina sufrieran un mayor desgaste por asumir funciones policiales metaconstitucionales.

La fórmula parecía inspirada en la medicina homeopática: el mal se cura con su semejante. Ciudadanos hartos de la inseguridad, armados de valor y de armas de alto calibre, se enfrentaban a sus vecinos delincuentes ante la imposibilidad de que las fuerzas del orden cumplieran sus funciones básicas. Eran ciudadanos buenos versus ciudadanos malos, donde la función de la autoridad se reducía, como en la película Pandillas de Nueva York, de Martin Scorsese, a contar los muertos y caídos de uno y otro bando.

Algo pasó al inicio de este año que la estrategia dio un vuelco. Se decidió contener a las autodefensas y retomar con mayor fuerza el tema de la inseguridad en la agenda gubernamental. Se eligió Michoacán, no obstante que Guerrero tiene el mayor número de estos grupos en todo el país, y que la estadística criminal lo ubica entre los primeros estados inseguros.

¿Por qué la urgencia michoacana?

La entidad ha estado en la preocupación del gobierno mexicano desde el sexenio pasado, pero sobre todo en la mira del gobierno norteamericano. A partir de los atentados a la población civil aquel 15 de septiembre de 2008, el Departamento de Estado empezó a hablar de narcoterrorismo en México y a calificar a la región como una muestra de “estado fallido”. Los atentados a subestaciones de la CFE el año pasado reforzaron la alerta en el mismo sentido.

Desde entonces también, los reportes de inteligencia sobre La familia michoacana y Los templarios destacan dos factores distintivos: el elemento de fanatismo religioso (ilustrado con los altares y ejercicios de adoctrinamiento practicados por Nazario Moreno), y la protección política por parte de las autoridades locales. La combinación de narcotráfico, terrorismo, fanatismo y protección política hicieron de La familia michoacana antes y de Lostemplarios hoy un foco rojo en México y en Estados Unidos.

En mayo de 2009 sobrevino el michoacanazo, tendiente a desmantelar aquella estructura de protección política local, pero lejos de minar o desaparecerlo, el grupo siguió avanzando de manera incontenible.

La urgencia michoacana del actual gobierno, su abierta ventilación mediática y el viraje frente a los grupos de autodefensa tienen que ver con la evidente preocupación en Washington por este grupo delincuencial, que se sale de los patrones tradicionales, rozando en el terrorismo y la guerra de guerrillas (dos veces se ha ofrecido el gobierno norteamericano para ayudar a pacificar la entidad), y con la próxima visita del presidente Barack Obama.

Todo indica que el gobierno mexicano está urgido y presionado por acreditar resultados en Michoacán antes del 19 de febrero próximo, cuando en Toluca, a escasos 280 kilómetros de Apatzingán, se realice la cumbre de jefes de Estado.

Por cierto, el pasado 10 de enero, el Estado de México fue enlistado por el Departamento de Estado entre las entidades no recomendadas para ser visitadas por los ciudadanos norteamericanos.

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