¿Solo Oceanografía?

Si la indagatoria por prácticas fraudulentas y de corrupción se queda a nivel de Oceanografía, estaremos ante un nuevo caso de justicia selectiva.

Oceanografía es un botón de muestra del tipo de contratismo que se practica en Pemex, al amparo de contubernios con el poder público, y que, lejos de representar un caso aislado, es una modalidad de corrupción que podría generalizarse y arraigarse con la reforma energética.

Creada en 1968 por el ingeniero Amado Yáñez Correa bajo el nombre de Consultores y Contratistas en Oceanografía SA de CV, con el fin de proveer a Pemex servicios de ingeniería marina, buceo de saturación, operación de vehículos sumergibles a control remoto, mantenimiento a estructuras marinas y construcción de ductos submarinos, siempre tuvo como cliente dominante a la paraestatal.

Radicada en la ciudad de Campeche, Oceanografía era una contratista de rango menor hasta la llegada de los gobiernos panistas a Los Pinos. En el año 2000 estaba quebrada y a punto de ser intervenida por el SAT por un adeudo fiscal de 120 millones de pesos. De acuerdo con la comisión especial investigadora de la LIX Legislatura, entre 2002 y 2006, la empresa recibió 54 contratos por un monto de 5 mil 929 millones de pesos, gracias a documentadas y reiteradas intermediaciones de dos hijos y un hermano de Marta Sahagún: Manuel y Jorge Bribiesca Sahagún, y Guillermo Sahagún.

En el gobierno de Felipe Calderón, la empresa fue nuevamente favorecida, a pesar de haber sido inhabilitada por la Secretaría de la Función Pública por incumplimiento de contratos. En esta ocasión, los nuevos padrinos de Oceanografía presuntamente fueron César Nava y la red de funcionarios colocados en las áreas de licitación, asignación de contratos y finanzas de la paraestatal, de acuerdo con diversas investigaciones periodísticas y oficiales. Solo en 2012, año electoral y de fin de sexenio, la empresa recibió contratos por más de 10 mil millones de pesos. En total, en los 12 años del panismo en la Presidencia y el primero de Enrique Peña Nieto la empresa obtuvo de Pemex contratos por 25 mil millones de pesos. 

El fraude cometido por Oceanografía contra Banamex-Citigroup con contratos y convenios falsos de la paraestatal por 400 millones de dólares exhibió una práctica generalizada en el sector energético. Los contratos petroleros funcionan en la práctica como cartas de crédito. Es tan seguro y generoso hacer negocio con la paraestatal, que si usted obtiene un contrato de servicios petroleros sin contar con suficiente capital, el mismo contrato podrá servirle de garantía bancaria para financiar su negocio.

La manera inusualmente expedita como está actuando la autoridad en este caso tiene inocultables motivaciones políticas y económicas. El priismo en el poder está golpeando directamente la línea de flotación de una de las empresas consentidas del panismo, identificada con un grupo de ex funcionarios, directivos y legisladores del PAN muy cercanos al ex presidente Calderón y a la misma familia del ex presidente Vicente Fox, y que además del fraude contra Banamex se le investiga por vínculos con un grupo de la delincuencia organizada que ordeña los ductos de Pemex y lava dinero en casinos y en el futbol.

Por otra parte, al intervenir judicialmente, el gobierno saca de la cancha de juego a una de las empresas que hubieran podido convertirse en una de las nuevas petroleras mexicanas con la inminente apertura del sector energético.

Para el reparto de la renta petrolera, el actual gobierno ya tiene sus propias Oceanografías, conformadas por los nuevos políticos petroleros del sexenio. Diavaz (asociada con Protego, de Pedro Aspe), OHL México (donde el actual director de Pemex, Emilio Lozoya, fue consejero y directivo), Sempra México (que dirige el ex secretario de Comunicaciones y Transportes Carlos Ruiz Sacristán), Morgan Stanley Private Equity (representada por Jesús Reyes Heroles Jr.), Oro Negro (al mando de Luis Ramírez Corzo, ex director de Pemex) y Proveedora de Servicios de Energía (José María Córdova Montoya), entre otras.

Si la indagatoria judicial por prácticas fraudulentas y de corrupción se queda a nivel de Oceanografía, estaremos ante un nuevo caso de revanchismo político o justicia selectiva.

Si el nuevo vino de la reforma energética se sirve en los viejos odres del contratismo petrolero, preparémonos entonces para una nueva manifestación del capitalismo de cuates, compadres y cómplices, conformado a lo largo de 20 años de privatizaciones fallidas, donde el eje articulador es la corrupción.

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