Repsol, Oceanografía y la reforma energética

Ambas empresas son dos caras de una misma moneda, troquelada en el torno de la corrupción. Esta será la moneda de curso corriente en el nuevo mundo energético que está por emerger.

Ahora que ha iniciado en diversos estados una campaña mediática para tratar de convencer a una población mayoritariamente escéptica sobre las presuntas bondades de la reforma energética, conviene señalar que la realidad se encarga día tras día de contradecir estos propósitos. Tal es el caso de la relación de Pemex con Repsol y Oceanografía, dos asuntos aparentemente diferentes.

Nada más incómodo que brindar un sonoro aplauso al director de Pemex. Sin proponérselo, Emilio Lozoya abonó al rechazo de la reforma energética al explicar los factores por los que hubo que deshacer la sociedad con la petrolera española Repsol.

A quienes consideramos que dicha reforma traerá más perjuicios que beneficios se nos obsequiaron tres valiosos argumentos: “La decisión de desinvertir en Repsol obedece a la baja rentabilidad de las acciones obtenida por la actual administración frente a otras petroleras, a nuestras diferencias con sus prácticas de gobierno corporativo y a que no se materializaron los beneficios mutuos que Pemex esperaba de la alianza industrial firmada con Repsol hace más de dos años”.

En otras palabras, la sociedad de Pemex con Repsol fue un mal negocio público, pero un buen negocio privado para un puñado de mexicanos y españoles en lo particular.

Estas mismas razones, y otras propias del entorno argentino (incumplir el plan de inversión comprometido, prácticas de elusión fiscal y depredación del medio ambiente), fueron razones poderosas para que el gobierno de Cristina Kirchner cancelara y expropiara la participación del 50% de Repsol en la paraestatal argentina Yacimientos Petrolíferos Fiscales.

El gran problema de la reforma energética, en cuyo centro se encuentra la promoción del modelo de negocios y asociación como el utilizado entre Pemex y Repsol (además de la participación irrestricta de la inversión privada directa, nacional y extranjera, en todo el sector energético), es que paso a paso se tropieza con experiencias pasadas y presentes donde el balance contable de las asociaciones es solo uno: “pérdidas públicas, ganancias privadas”.

Nada existe en el nuevo diseño institucional que presuntamente vigilará, fiscalizará y evitará abusos en el sector energético, que asociaciones fallidas como la de Repsol se repitan en mayor escala y perjuicio para Pemex, la CFE y el país mismo.

Si Repsol, un pez de tamaño mediano en el océano petrolero, se bailó a Pemex, ¿qué podrán hacerle tiburones del tamaño de las ocho petroleras mundiales que están listas para convertir el Golfo de México en el nuevo Golfo Pérsico?

Guardemos en cofre de cristal la argumentación de Lozoya, porque más temprano que tarde será utilizada para explicar por qué la reforma energética terminará siendo un buen negocio privado para unos cuantos, pero un mal negocio público para el país.

El otro ejemplo paradigmático del nuevo mundo energético que está por emerger es Oceanografía. La autoridad determinó que los casi 400 millones de dólares que defraudó la contratista petrolera a Banamex, fue un asunto entre particulares, además de un caso aislado de corrupción. En ello, nada habría tenido que ver la paraestatal.

Sin embargo, sobran evidencias de que el modus operandi de Oceanografía es una práctica recurrente en el contratismo petrolero, donde las licitaciones arregladas, las adjudicaciones directas y la complicidad corporativa son la regla operativa, no la excepción. Al reducir el caso Oceanografía a un simple fraude entre particulares, se cerró una vez más la posibilidad de indagar el océano de influencias y contubernios que rodean el contratismo en Pemex.

Repsol y Oceanografía son dos caras de una misma moneda. La primera es un ejemplo de una asociación industrial fallida donde el país salió perdiendo, mientras que la segunda es un caso emblemático de uso de influencias donde la impunidad salió ganando. Lejos de desaparecer o estar descontinuada, esta moneda troquelada en el torno de la corrupción será de curso corriente en el nuevo mundo energético que está por instaurarse en el país.

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